
Translúcida desgracia
la que engaña,
la que mata con saña
y esconde bajo la manta
su cabeza de avestruz.
...
Ave, tú.
Ave, César,
ave espesa
y traviesa
que condona
los pagos
de los pobres.
De los que lloran
porque no tienen
otra cosa que hacer.
Porque no tienen
dominios de sí mismos
ni de nadie mismo.
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