(Poema de Rafael Sandiego y obra de Adela Casado)

Tu cabeza hundida en las almohadas,
llenas de belleza mis pupilas,
hay almohadines y almohadones,
esparcidos por todas partes...
tu pierna al descubierto,
en la sedosa sabana tibia,
demostrando tu nalga firme y redonda.
Yo te contemplo desde el umbral de la puerta
incansable de ti,
dos dedos se deslizan suavemente,
de arriba a abajo
entre tus muslos desnudos,
que invitadoramente me llaman,
hoy al amanecer...
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