viernes, 21 de enero de 2011

Amor en tiempo de cólera (Gabriel García Márquez)


Publicada en 1985, esta novela de Gabriel García Márquez consagrada al amor se inicia con dos muertes:
 la de Jeremiah de Saint-Amour, un refugiado antillano inválido 
de guerra, y la del doctor Juvenal Urbino, que al regresar de casa 
de su amigo suicida, en su intento de recuperar un loro huido, refugiado en el mango del patio de la suya, cae desde
 lo alto y se mata. 

"Sólo Dios sabe cuánto te quise", tiene apenas tiempo de decirle
 a Fermina Daza, su mujer, la misma a quien un rato después, 
Florentino Ariza, uno de los asistentes al velorio, le dirá:
 "Fermina: he esperado esta ocasión durante más de medio siglo, 
para repetir una vez más el juramento de mi fidelidad eterna
 y mi amor para siempre".


Esto ocurre un domingo de Pentecostés de principios de la década
 de los años treinta, en una ciudad colombiana del litoral del Caribe que por su cercanía a la desembocadura del río Magdalena podríamos suponer que se inspira en Barranquilla; en un tiempo que no volveremos a recuperar hasta haber leído trescientas páginas largas de esta novela que alcanza las quinientas.

Trescientas páginas a través de las cuales asistimos, en gran parte,
 a la "educación sentimental" de Florentino, enamorado, siendo aún adolescente, de Fermina Daza, con quien apenas cruza palabra pero sí mantiene una muy nutrida y apasionada correspondencia. 

A la vuelta de un viaje por el interior, impuesto a Fermina Daza por
 su padre (que quiere apartarla de su enamorado), se da cuenta repentinamente de que Florentino Ariza no es el hombre que puede hacerla feliz y le rechaza, casándose con el doctor Urbino, 
a quien rechazaba en un principio. 

Aunque relativamente feliz, Fermina Daza no tardará en darse cuenta de su equivocación; ha rechazado al hombre que quería y, llevada por un extraño destino, se ha entregado al que no quiere.


Mientras esto ocurre, el cólera hace estragos y se suceden las guerras entre liberales y conservadores, sin que por ello se resienta demasiado la vida de la ciudad caribeña.

 Florentino Ariza, a pesar de seguir queriendo a Fermina, va pasando de mujer en mujer, de aventura en aventura, al tiempo que escala puestos en la compañía familiar de navegación fluvial, de la cual acabará siendo presidente.

Muerto Urbino, y de nuevo rechazado por Fermina, Florentino Ariza volverá, como ya hizo en la adolescencia, a escribirle, a conquistar poco a poco con su verbo apasionado a la mujer, que acabará aceptando primero su amistad y luego viajar por el río Magdalena
 en uno de los barcos de la compañía, sin saber, hasta el último momento, que Florentino la acompañará.

Será en el río Magdalena donde estos viejos, que ya pasan
 de los setenta, se entregarán a su amor, con tanto apasionamiento que, para librarse de testigos y permanecer a solas en el barco, Florentino hará que en el viaje de vuelta se enarbole la bandera amarilla del cólera y, una vez llegados a la desembocadura, 
y por lo tanto a la ciudad, vuelva a remontar el río; un Magdalena muerto, debido a la tala excesiva de la selva, por el que bajan cadáveres, con un tiro en la nuca o bien víctimas del cólera, 
pues los tiempos del cólera no han quedado atrás, pese a los partes
 de las autoridades sanitarias. 

Tampoco ha quedado atrás el amor, puesto que el amor es amor "
en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más se acerca a la muerte".


Con visiones de muerte, que no consiguen sobreponerse al amor, acaba como comenzó esta novela por la que cruzan muchos personajes que en ningún momento arrebatan su protagonismo
 a la pareja de amantes, que sólo con Urbino comparten.

 Mucho más lineal que otras del mismo autor, la poesía ya no nace
 de esos elementos mágicos a que tanto nos tiene acostumbrados García Márquez., aunque tampoco falten algunos (la muñeca negra que aumenta de tamaño, Florentino comiendo rosas), sino de la fuerza de su mismo tema: el amor, protagonista absoluto de la obra, arropado, en ocasiones, por un paisaje mucho más mágico de cuanto puedan serlo otros fenómenos y aconteceres más sorprendentes
 y extraños.