“Con esta etiqueta se pueden comprender y practicar varias cosas: ejercicios de silencio y calma, o meditación como ejercicio de recogimiento
y de interiorización destinado a penetrar en el contenido profundo de un texto o de una imagen sagrada.
Se pude meditar para reavivar
y regenerar la fe tradicional.
Sin duda que todo esto es bueno.

Pero la meditación puede y debe ser otra cosa muy distinta:
el instrumento de apertura al Ser esencial.
De esta forma, el sentido de la meditación
es el de un ejercicio iniciático.
Iniciar significa: abrir la puerta al misterio.
Nosotros mismos somos ese misterio en nuestro Ser esencial,
ya que es la manera en que la Vida divina vive en nosotros
y en todas las cosas y que tiende a tomar forma
en el mundo a través de nosotros.
El Ser esencial no es una simple idea, o un simple objeto
El Ser esencial no es una simple idea, o un simple objeto
en el que hay que creer.
Tampoco es el producto de una imaginación piadosa.
Es el contenido de una experiencia que no tiene solamente valor empírico, sino carácter de revelación.
El ejercicio y la vida iniciática buscan la unidad con el Ser esencial.
Pero este Ser esencial no es “algo” que se pueda
encontrar como si fuera un objeto.
Está, al igual que toda trascendencia, más allá de lo alcanzable.
El carácter sobrenatural y la fuerza transformadora de las experiencias hacen presentir lo que nosotros llamamos Ser esencial.
Pero a pesar de ello, éste sigue siendo un misterio, que se retira
y enmudece cuando el hombre intenta llegar a El.
Toda fe religiosa implica una actitud de abandono del corazón, en el cual,
y porque no se intenta descifrar el misterio, éste habla.
Unirse al Ser esencial es unirse el misterio.
En primer lugar, el hombre debe ser capaz de soportar que el mundo
en que vive desaparezca en la noche de su conciencia para que le llegue
la luz del gran secreto.
Hasta el umbral de esta experiencia, el camino es largo: los contactos
o experiencias del Ser, cuya fuerza cambia totalmente al hombre
y le transforma por un momento, no deben llevarnos a engaño:
Y aquel hombre que vivía sólo según su naturaleza, mirando, sobre todo,
hacia un mundo contingente, se transforma en un hombre nuevo, conscientemente anclado en su Ser esencial.
Es libremente su testimonio en el mundo por medio del conocimiento,
la creación y el amor”.

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