Mira mis manos, llevo un globo orondo
y de un rojo insultante que un mimo del parque,
me acaba de dar a cambio,
de dos pesos perfectamente
desgastados por el uso.
Me siento en el habitual banco para leer,
pero libro y globo en las manos son incompatibles.
Lo ato con dos nudos perfectamente hechos en el oxidado reposa
brazos del banco.
Empiezo a leer, pero el alegre movimiento del globo impide
mi concentración y obliga mi recuerdo, siete años, ojos enormes,
otro parque, otro banco, mi padre atando un globo en el oxidado
reposa brazos, explicando paciente, enormemente paciente,
la ciencia exacta de hacer un perfecto nudo que repite
para que mi atención no se disperse.
Y en ese momento, dos orondas lágrimas
se posan en mi alegre sonrisa.
Un lindo recuerdo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario