Él tenía un problema de identidad tremendo,
de esos que aparecen en los libros de psiquiatría.
Lo mismo se creía un caballo y se pasaba el día relinchando,
como se transformaba en un semáforo
y te lo encontrabas en cualquier paso de cebra cambiándose
continuamente la camiseta roja por la verde,
la verde por la amarilla, la amarilla por la roja, y otra vez a empezar.
Fue de todo:
Ministro, caja, tubería, corredor de maratón, despertador, marinero, alfombra, perro, electricista, zapatilla, pollo, espeleólogo, tenedor,
funambulista, pizarra, catador de vino (al día siguiente fue sufridor de resaca), colectivo, sombra, panadero, árbol, luciérnaga, cardenal, besugo, lenteja,
buzón de correos …
Hasta que un día le tocó ser libre,
y no se le volvió a ver.
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