¿Qué significa “romper” la barrera del sonido?
Significa superar la velocidad a la que las ondas sonoras se desplazan por el aire. Esa velocidad es de unos 343 metros por segundo (1.284,8 km/h) al nivel del mar y a 20 grados centígrados, pero varía con la altitud y con la temperatura. Cuanto más frío es el aire, más despacio viaja el sonido.
A 36.576 metros de altitud, la velocidad del sonido ronda los 1.110 km/h.
¿Existe realmente una “barrera” del sonido?
No, se trata de una simple expresión, acuñada a mediados del siglo pasado para referirse a la enorme inestabilidad e incluso ruptura del fuselaje de los aviones que se aproximaban a la velocidad del sonido.
Hoy se sabe que esa inestabilidad se debe a las ondas de choque que se generan en la “zona ultrasónica”. A veces, algunas de esas ondas de choque colisionan unas con otras creando un fenómeno que es similar a una explosión. Afortunadamente, el impacto de esas ondas es menos intenso a grandes altitudes, debido a la menor densidad del aire.
Una vez superada esa “barrera”, el vuelo prosigue sin más turbulencias.
Nacido el 20 de abril de 1969 en Salzburg, Austria, Felix Baumgartner es una persona que a lo largo de su vida fue rompiendo todo tipo de marcas.
El hombre del momento pasó por la milicia austríaca, donde aprendió todo sobre paracaidismo, para luego aplicarlos a lo largo de su carrera.
Su primer gran logro fue en 1999, cuando obtuvo el récord por el salto más alto desde un edificio, al hacerlo desde las Torres Petronas en Kuala Lumpur, Malasia. Luego, empezaría a cosechar hazañas de todo tipo y a practicar saltos que quedarían en la historia, como aquel desde la base de la mano del Cristo Redentor en Río de Janeiro.
A los 43 años se decidió a romper con todas las marcas y saltó desde
la estratosfera, a 39 mil metros de altura, rompiendo la velocidad del sonido.
Así se despidió por la puerta grande, ya que anunció
que este fue su último logro.