Al escuchar tu voz,
en túneles del tiempo melancólico,
me comporto serena
en trenes de juguetes.
Mi instinto viaja en globos aerostáticos
a lugares antiguos entre bruma,
mientras miro tus ojos del océano
a través de los límites del mundo.
Al oír tus sonidos,
arcaicos como el sueño,
me entrego a la impresión de tus visiones.
Al escuchar tu voz
me desnudo sin miedo a ser herida
e imagino el secreto
a través de los cables telefónicos.
Me traslado a la cueva donde habitas
con el frío reptil de lunas rojas
y el calor de los mares del asfalto.
Un árbol silencioso
cabalga interiormente
en tus sílabas suaves del Aleph.
Ana Muela Sopeña
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