Que cuando un niño está en el seno de su madre
tiene todo el conocimiento del mundo.
Sabe cuántas estrellas hay en el firmamento,
cuántas gotas hay en el mar y cuántos granos de arena en el desierto.
Conoce los misterios del cielo y las estrellas,
y conoce hasta la última letra de la Torah.
No hay misterio sobre la faz de la tierra que desconozca,
ni misterio en el cielo o en el mar que no pueda resolver.
Pero cuando está a punto de nacer, su ángel de la guarda baja del cielo
y colocando un dedo sobre sus labios sella todo su conocimiento dentro de él,
y le susurra una sola palabra...
“Aprende.”
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