sábado, 6 de marzo de 2010

EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS

Absorto en el fulgor de la batalla
el muchacho se inunda de belleza,
en la luz imantada en el paisaje
y en la sombra tejida en el umbral.

Su infancia es territorio de una imagen
que busca entre los juegos el temblor
de un pasado sumido en el Aleph.

En su historia bucea sin temores
y encuentra la experiencia biográfica
que le impulsa a aprender y a ser un niño
abierto a la enseñanza de la vida.

Cada noche regresa entre los púlsares
al país de los sueños,
al lugar donde no se crece nunca
ya que el tiempo sin tiempo es su reloj.

Y en cada aurora nace en su conciencia
el deseo de ser siempre habitante
del país de nunca jamás.


Ana Muela Sopeña

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