Una entrada, un mundo,
La noche se ilumina con las farolas del alma
Y por las calles del recuerdo se asoman los nombres.
Un detalle, una esquina,
Y de repente todo se agolpa en la mente.
Siguen apareciendo rincones,
Destellos y formas olvidadas en el tiempo.
Voces lejanas de la calle inundan el aire
Y un molesto picor en la pierna reclama su atención.
Estoy consciente,
Las percepciones vienen y se van,
Y la memoria va apaciguando paulatinamente
Su devota cantinela.
Silencio interior, se acaba el diálogo,
Se acaban los impulsos, los medios y los fines
Los juicios terminaron.
Los sonidos atraviesan mi espacio sin obstáculos que vencer.
Ya no veo,
Los muebles, la pared
Y hasta el desvencijado poto del estante,
no paran de mirarme.
Paz, silencio y armonía
En una sensación que me invade.
Ya no estoy, no soy,
Hay un mundo que palpita,
repleto de un gozo indescriptible.
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