He podido conocer un proyecto educativo ubicado en Bali que me ha resultado ciertamente llamativo: The Green School.
Sus fundadores, John y Cynthia Hardy, canadiense él, estadounidense ella,
y residentes en la isla desde hace más de 30 años, comenzaron a desarrollar su idea el año 2006 con el fin de crear una escuela única,
fuera de las limitaciones estructurales, conceptuales
y físicas de los colegios tradicionales.
Junto con Alan Wagstaff, autor del plan de estudios y creador del nuevo concepto de vida en comunidad conocido como Three Springs,
y Jürgen Zimmer, profesor de la Universidad Libre de Berlín,
la escuela abrió sus puertas en septiembre del 2008 con tan sólo cien alumnos sobre lo que fueron terrenos selváticos y de cultivo de arroz.
The Green School no es sólo el sueño pedagógico convertido en realidad
de unos visionarios, es también un ejemplo en todo lo que se refiere
a la ecología: la energía que precisa para su funcionamiento la obtiene
de fuentes limpias -generadores eléctricos impulsados por agua o paneles solares, por ejemplo-, el bambú empleado para construir los edificios
es cultivado con métodos sostenibles, y las plantas nativas,
los árboles y los jardines orgánicos se extienden por doquier.
Los estudiantes, con edades comprendidas entre los 3 y los 15 años,
reciben una formación que, basada en el holismo, les permite adquirir
los conocimientos necesarios para su desarrollo académico.
Y bajo todo esto, se encuentra el ideal de sus creadores:
que los niños aprendan a cultivar una sensibilidad que les permita adaptarse al mundo de hoy, y dotarles de una conciencia espiritual y una intuición emocional que les anime a no sentir temor ni de su presente ni de su futuro.
La otra cara de la moneda podemos encontrarla en China,
donde ocho profesores imparten clase a 186 chavales
en el interior de una enorme cueva.
Ubicada en la provincia de Guizhou, esta peculiar escuela de enseñanza primaria fue construida el año 1984, y a ella acuden a aprender los niños
de las localidades más próximas, aunque esa proximidad les suponga
en ocasiones un viaje de tres horas para llegar y otras tantas para
volver a sus hogares.
Sé que puede resultar demagógico,
pero... Hombre rico, hombre pobre...
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