viernes, 28 de enero de 2011

No siempre...


No siempre hombres grises
ni árboles de piedra.

Tampoco barcos presos en botellas
ni tristes hombrecitos directores de orquesta

Ni qué decir de las naufragadas cajas de colores
hacia la boca abierta del desagüe,
o los números perdidos de un viejo reloj de pared
que cuelga dentro de una nevada bola de cristal
en algún trastero polvoriento
vacío de tiernos abuelos

bajo tejados de pizarra
mientras la lumbre cruje y el espantapájaros tiembla.

No siempre crueles guardianes de la Gran Torre
ni empapadas pajaritas de papel...

También burbujas sonrientes
que escapan de las bocas melladas.


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