No te cabe ninguna duda.
Desde el origen, desde la inconsciencia, desde la perplejidad.
Hasta la madurez. Atesoras secretos que han nacido contigo.
Cada paso por desvelar su significado ha generado nuevos secretos.
Acumulas secretos sobre secretos.
El ejercicio de revelado de tanto negativo permanece
en tu cámara oscura.
Manejas recuerdos, tratas de pasarlos a positivo, otras veces se velan para siempre.
¿Qué imágenes permanecen al final entre tus manos?
Extrañas imágenes las del Yo.
No saber cuándo permiten entender o cuando oscurecen tu visión.
Entre el dilema de las manifestaciones que te exigen y la salvaguarda de tu confusión eliges ésta opción.
La primera es pesada y falsa, adultera tu esencia.
En el desorden se agitan más bien las voces que quieres escuchar.
Voces que preservas y dispones en tu interior secretamente
para no dejarte vaciar por lo ajeno.
Voces que alientan el apego a tu condición inabarcable.

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