No sólo son cantos los que maceran nuestros pies.
¿Dónde se cuentan los números
de los días que desgranamos entre la agitación y la ternura?
¿Quién pronunció la primera palabra?
La que no fue sino una gota caída pausadamente
y se filtró por nuestra materia hasta amalgamarla.
Diálogo fecundo, yo voy sabiendo del silencio,
tú te apoderas del hombre que recita los suras de la vida.

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