Recientemente periódicos nacionales e internacionales han hablado de una tribu desconocida y aislada encontrada en la fronteriza región amazónica entre Perú y Brasil.
Si bien es cierto que revelar su condición de aislamiento resulta imprescindible a la hora de proteger recursos naturales, muchos medios han transmitido la idea de que son salvajes, que ignoramos todo sobre ellos, que viven en la Edad de Piedra y que no saben nada sobre el mundo moderno.
Retratarlos y difundir su existencia es necesario para que los gobiernos actúen contra la ilegalidad de ciertas prácticas como la tala indiscriminada o la minería ilícita.
Pero tergiversar su descubrimiento es algo que tampoco contribuye
a concienciarnos de la importancia del hallazgo.
Más bien colabora con la confusión.
En primera instancia no es cierto que la tribu haya sido “descubierta” por antropólogos.
Las imágenes, tal y como relata la organización Survival International (de donde se ha obtenido toda la información para esta entrada), fueron conseguidas por fotógrafos del Departamento de Asuntos Indígenas del Brasil, entre ellos Gleison Miranda, y cedidas a Survival International.
En ellas se pueden observar, si se mira con detalle, que en el suelo,
al lado de una roca plana, hay un cazo de metal.
El hecho de que conserve su color blanco, en un clima tropical, demuestra que el proceso de oxidación o no ha comenzado o es muy leve. Lo más probable es que el cazo sea reciente.
Quizás no se pueda decir lo mismo del machete que sostiene uno de los niños, pero, de acuerdo con la opinión de Survival International, el machete podría provenir de una red de intercambios con otras tribus vecinas (igual que el cazo), por lo que el adjetivo de aislada y desconocida, no es lógico aplicarlo.
De hecho, son los mismos especialistas de Survival quienes aseguran que hablar de pueblos indígenas no descubiertos o perdidos
“es sensacionalismo vacío.
Es muy poco probable que haya algún pueblo indígena cuya existencia sea completamente desconocida para
cualquier otra persona”.
Por eso también sorprende que sea la propia organización la que al hablar de los Sentinels en las islas Andamán del Océano Índico, hablen de una tribu que vive allí desde hace 60.000 años , cuando el proyecto Genographic, que busca registrar la historia migratoria
de la especia humana, sitúa por ese entonces la salida del hombre
de África.
A propósito, ¿cómo saben que los Sentinels viven aislados desde
hace 60.000 años si no sabemos nada de ellos?
¿Quién registró este dato?
Un “nuevo grupo” es el reclamo perfecto (sea un hallazgo real o no) para que se ponga sobre la mesa el negocio de la tala ilegal.
Un imperio que en México genera 250 millones de euros al año,
en Indonesia 3.200 y en Brasil más de 1.000 millones.
Pero a veces, las imprecisiones que publicamos los medios de prensa y algunas organizaciones, contribuyen a desconfiar del descubrimiento.
Cuanto más blindado sea este, es decir, cuantas menos grietas presente, menos podrá ser atacado por quienes niegan su existencia.
Y más probable sea que se cumpla el propósito de proteger
su entorno y su estilo de vida.

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