jueves, 17 de febrero de 2011

Unicidad... el Universo y Yo.


NUESTRO CUERPO, NUESTRA MENTE, NUESTRAS emociones, 
nuestra fisiología entera está cambiando a cada momento en función de la hora del día, de los ciclos de la luna, las estaciones
 e incluso las mareas. 

Nuestro cuerpo es parte del universo y, en última instancia,
 todo lo que sucede en el universo afecta a su fisiología. 

Los ritmos biológicos son una expresión de los ritmos de la Tierra
 en relación con todo el cosmos, y sólo cuatro de ellos
 (los ritmos diarios, mareales, mensuales y lunares)
 son la base de todos los demás ritmos de nuestro cuerpo.

La Tierra gira sobre su eje, por lo que experimentamos un ciclo
 de 24 horas de día y noche al que llamamos ritmo circadiano. 

Dicho ritmo se basa en el giro de la Tierra y, al formar parte de ella, también todo nuestro cuerpo gira siguiendo el ritmo de la Tierra. 

Cuando este ritmo biológico se ve interrumpido, por ejemplo,
 por algún viaje de larga distancia, sentimos jet-lag. 

También cuando nos quedamos trabajando toda una noche,
 aunque descansemos durante el día no nos sentimos del todo bien,
 ya que nuestros ritmos biológicos están desacompasados
 con los ritmos cósmicos.

Los datos científicos muestran que si sometemos a un animal a cierta dosis de radiación una vez al día, éste puede experimentar
 algún efecto beneficioso. 

Pero si le damos la misma dosis de radiación doce horas más tarde,
 el animal puede morir.
 ¿Por qué?
 Porque su fisiología ha cambiado por completo en ese periodo
 de doce horas.

Incluso nuestra pequeña experiencia subjetiva nos dice que a ciertas horas del día tenemos hambre, mientras que a otras tenemos sueño.

 Sabemos que tendemos a sentirnos de una cierta manera
 a las cuatro de la tarde y de otra a las cuatro de la mañana.

Los ritmos de las mareas también afectan a nuestra fisiología.

 Estos ritmos son el resultado del efecto gravitatorio del sol, la luna
 y las estrellas de galaxias distantes sobre los océanos del planeta Tierra. 

En nuestro interior nosotros también tenemos un océano similar
 a los de nuestro planeta. 

Más del 60 por ciento de nuestro cuerpo es agua, y más del 60 por ciento de nuestro planeta es agua.

 Por lo tanto, experimentamos en nuestra propia fisiología las pleamares y las bajamares y los flujos y reflujos de las mareas. 

Cuando nos sentimos incómodos es porque nuestro cuerpo está fuera de sincronía con el cuerpo del universo. 

Pasar tiempo cerca del mar o en cualquier sitio natural puede ayudarnos a sincronizar nuestros ritmos con los de la naturaleza.

El ritmo lunar es un ciclo de veintiocho días que se produce como resultado del movimiento relativo de la Tierra, el sol y la luna.

 Dicho ritmo es evidente considerando el crecimiento y decrecimiento de la luna. Vemos la luna llena, media luna, dejamos de verla,
 y el ciclo vuelve a empezar otra vez.

 La fertilidad humana y la menstruación son buenos ejemplos de ritmos lunares, pero hay otros muchos ciclos de veintiocho días.

 Cuando trabajaba como medico en una sala de urgencias, 
era de esperar que atendiésemos a más pacientes con determinados tipos de problemas dependiendo de la hora del día y de los ciclos 
de la luna.

Debido al movimiento de la Tierra alrededor del sol, experimentamos
 los ritmos estacionales en forma de diferentes cambios bioquímicos
 en nuestro cuerpo y mente.

 Las personas que padecen un síndrome conocido como desorden afectivo estacional se deprimen en invierno pero mejoran al ser expuestos a la luz solar. 

Los cambios estacionales no sólo afectan a la bioquímica del cuerpo humano: afectan a la de los árboles, las flores, las mariposas, 
las bacterias y todo lo que está presente en la naturaleza.

La Tierra se inclina sobre su eje en primavera y brotan las flores, 
las marmotas salen de sus madrigueras, migran las aves, los peces regresan a sus territorios de desove y comienzan los rituales de cortejo. 

Los ritmos estacionales nos afectan biológica, mental
 y emocionalmente; todos ellos tienen que ver con la relación
 entre la Tierra y el sol.

Hay otros ritmos y ciclos que oscilan cada pocos segundos, 
como las ondas cerebrales y electrocardiográficas, 
mientras que otros como los ritmos ultradianos duran desde treinta minutos a veinticuatro horas.

 Hay ciclos dentro de otros ciclos, alcanzándose un elevado nivel 
de complejidad que en su conjunto funciona al unísono
 como una sinfonía. 

Todos esos ritmos crean la sinfonía del universo;
 cuerpo y mente siempre están intentando sincronizar
 sus ritmos con los ritmos universales.

Separar el cuerpo y la mente del resto del cosmos es no 
ver las cosas como son. 

El sistema cuerpo-mente forma parte de una inteligencia superior,
es parte del cosmos, y los ritmos cósmicos generan cambios profundos en nuestra fisiología. 

El universo es una verdadera sinfonía de las estrellas.

 Y cuando nuestro cuerpo y nuestra mente están sincronizados
 con dicha sinfonía, todo se da espontáneamente y sin esfuerzo,
 y la exuberancia del universo fluye a través de nosotros
 en glorioso éxtasis.

Cuando los ritmos de nuestro cuerpo y mente están sincronizados 
con los ritmos de la naturaleza, cuando vivimos en armonía 
con la vida, vivimos en estado de gracia.

 Vivir en gracia es experimentar ese estado de conciencia en el que
 las cosas fluyen sin esfuerzo y nuestros deseos son satisfechos
 con facilidad.

 La gracia es mágica y sincrónica, está llena de coincidencias
 y es maravillosa. 

Pero para vivir en la gracia es necesario que permitamos 
que la inteligencia de la naturaleza fluya a través 
de nosotros sin interferir con él.

Teóricamente, si estuviésemos totalmente alineados con el cosmos,
 si estuviésemos en completa armonía con sus ritmos y si tuviésemos cero estrés, habría muy poca entropía en nuestro cuerpo. 

Nuestro cuerpo no envejecería si estuviésemos completamente sincronizados con los ciclos del universo. 

Si su entropía no se incrementase, estaría dentro de la escala del universo, que se mide en ciclos cósmicos o eones de tiempo.

 Pero nuestro sistema cuerpo-mente no está perfectamente alineado con los ritmos del universo; 
¿por qué es así? 

Por el estrés. 
Ya lo ves, en cuanto tenemos un pensamiento, 
cualquier pensamiento, éste interfiere con la tendencia innata
 de los ritmos biológicos a sincronizarse con los universales.

¿Cómo interferimos con la inteligencia de la naturaleza?

 En términos espirituales, podemos decir que interferimos cuando 
nos identificamos con la imagen que tenemos de nosotros mismos
 y perdemos de vista a nuestro ser interior; cuando perdemos nuestra sensación de conexión con nuestra alma, nuestra fuente. 

En términos más comunes, podemos decir que interferimos cuando empezamos a preocuparnos, cuando empezamos a anticipar problemas, cuando empezamos a pensar en lo que podría salir mal. 

Cuando intentamos controlarlo todo, cuando nos asustamos, 
cuando nos sentimos aislados; todas esas cosas interfieren con el flujo de la inteligencia de la naturaleza.

 Cada vez que sentimos resistencia, frustración, que las cosas van mal, que exigen demasiado esfuerzo, es porque estamos desconectados 
de nuestra fuente, el campo de la pura conciencia, que se manifiesta
 en la infinita diversidad del universo. 

El estado de miedo es el estado de separación; es resistencia hacia
 lo que es. 

Cuando no oponemos resistencia todo es espontáneo
 y sencillo, no exige esfuerzo.

Nuestro cuerpo nos está hablando constantemente mediante señales de comodidad e incomodidad, placer y dolor, atracción y repulsión. 

Cuando prestamos atención a las sutiles indicaciones de nuestras sensaciones corporales, accedemos a la inteligencia intuitiva.

 Dicha inteligencia es contextual, relacional, enriquecedora, holística
 y sabia.

 La inteligencia intuitiva es más detallada y precisa que cualquier otra cosa existente en el reino del pensamiento racional. La intuición no es pensamiento; es ese campo cósmico de información no localizado que nos susurra en el silencio que hay entre nuestros pensamientos.

 Por lo tanto, cuando hacemos caso de la inteligencia interior
 de nuestro cuerpo, que es el genio supremo y definitivo, nos estamos introduciendo en el universo y accediendo a una información 
a la que no suele tener acceso la mayor parte de la gente.

Cuando hagamos caso de la sabiduría de nuestro cuerpo, cuando seamos conscientes de las sensaciones de nuestro cuerpo, conoceremos el cosmos entero, ya que experimentamos todo
 el cosmos en nuestro cuerpo en forma de sensaciones.

 Cuando no estamos en armonía con los ritmos universales, la señal que nos llega es de incomodidad, ya sea física, mental o emocional.

 Cuando fluimos en armonía con el universo, la señal que nos llega 
es una sensación de comodidad, de alegría, de que todo es fácil.

 En realidad, esas sensaciones son la voz del espíritu, que nos habla 
al nivel de sentimiento más sintonizado de nuestro cuerpo. 

Cuando ofrezcamos a nuestro cuerpo una profunda atención, escucharemos la voz del espíritu, porque nuestro cuerpo es una bioordenador constantemente conectado con la mente cósmica.

 Nuestro cuerpo tiene una habilidad informática que lo capacita
 para reparar instantáneamente en la infinidad de detalles que 
crean cada acontecimiento de nuestra vida.

Sabiendo todo esto, ¿por qué no tratas a tu cuerpo con respeto
 y lo cuidas? 

Aliméntalo con comida saludable y agua fresca. 

Aliméntalo con la frescura de la tierra y con los colores del arcoiris que la tierra ofrece en forma de frutas y vegetales. 

Bebe intensamente las aguas de la Tierra para que ellas puedan abrir las líneas de comunicación e inteligencia que corren a través de
 tus tejidos y de tu torrente sanguíneo.

 Respira profundamente para que tus pulmones se expandan
 por completo con el aire.

No lo contamines con bebidas o alimentos muertos, químicos tóxicos, relaciones o emociones tóxicas en forma de ira, miedo o culpa. Asegúrate de alimentar tus relaciones saludables y no albergues rencores ni resentimientos.

 La salud de cada célula contribuye directamente a tu estado 
de bienestar, ya que cada célula es un punto de conciencia
 en el campo de conciencia que tú eres.

Cuerpo y mente son la danza del universo y, cuanto más bailen con el universo, más alegría, vitalidad, energía, creatividad, sincronicidad y armonía experimentarás.

 Puedes permanecer sintonizado a tu cuerpo siendo consciente
 de cómo bailas con el universo. 

Si prestas atención a los ritmos y ciclos de tu cuerpo y mente
 y te familiarizas un poco con los ritmos cósmicos, verás cómo puedes sincronizar los ritmos de tu cuerpo con los del universo. 

No tienes que ser ningún experto, simplemente presta un poco de atención a esto. 

Mira al cielo y fíjate en los ciclos de la luna. 

Si lees el diario, mira los horarios de la pleamar y la bajamar.

 Siente tu cuerpo y observa cómo se relaciona con cada estación. Entiende que estos ritmos pueden ayudarte de verdad;
 la siguiente información es lo único que debes recordar.

Entre las seis y las diez de la mañana y las seis y las diez de la noche
 es cuando tu cuerpo está hipometabólico, en su fase de metabolismo más baja.

 Intenta pasar un rato en silencio en torno a las seis de la mañana 
y de la tarde. Lo Ideal sería meditar al inicio de esta fase y hacer ejercicio en la mitad de ella, 
especialmente si lo haces para perder peso.

Entre las diez de la mañana y las dos de la tarde es cuando el fuego metabólico se encuentra al máximo.

 Es el momento de hacer la comida principal porque tu cuerpo metabolizará mucho mejor la comida.

 Entre las dos y las seis de la tarde es un buen momento para estar activos, aprender nuevas actividades mentales o emprender actividades físicas. 

Entre las dos y las seis de la mañana es buen momento para soñar.

Alrededor de las seis de la tarde, preferiblemente antes de la puesta del sol, es un buen momento para cenar.

 Es mejor cenar algo ligero y dejar al menos dos o tres horas de intervalo entre la cena y el sueño. 

Por lo tanto, intenta acostarte hacia las diez o diez y media de la noche y tendrás un descanso ideal con grandiosos sueños.

Estas son recomendaciones muy básicas pero, una vez que empezamos a sintonizar nuestros ritmos con los ritmos cósmicos, el cuerpo se siente bastante diferente. 

Se siente vital; no se cansa.

Subjetivamente nos sentimos más enérgicos. 

Empezamos a experimentar ese estado de conciencia en el que todas las cosas de nuestra vida fluyen con facilidad.

 Una salud vibrante no es solo la ausencia de enfermedad;
 es esa alegría que debería estar en nuestro interior todo el tiempo.

 Es un estado de bienestar positivo no solo físico sino emocional, psicológico y, en última instancia, incluso espiritual. 

La tecnología no va a hacernos más sanos.
 Lo que va a hacernos más sanos es que estemos alineados con
las fuerzas del universo, que sintamos que nuestro cuerpo es parte 
del cuerpo de la naturaleza, comulgar con ella y con nuestra alma pasando tiempo en soledad y silencio.

El poeta hindú Rabindranath Tagore resume el milagro de la vida de una manera más hermosa de lo que la ciencia puede hacerlo.

 Dice: "La misma marea de la vida que corre por mis venas día y noche corre por el mundo y baila con métrica cadenciosa. 

Es la misma vida que se dispara con alegría por el polvo de la tierra
 en innumerables briznas de hierba, rompiendo en olas tumultuosas de hojas y flores.
 Es la misma vida a la que mece el mar, cuna de nacimiento y muerte, en su flujo y reflujo.

 Siento que la caricia de este mundo de vida hace gloriosos a mis miembros.

 Y mi orgullo viene del latido de eras que baila en este momento
 en mi sangre".

Los mares y ríos de esta biosfera son la sangre de la vida que circula por nuestro corazón y nuestro cuerpo.

 El aire es el aliento sagrado de vida que da energía a cada célula de nuestro cuerpo, a fin de que sea posible vivir, respirar y participar en la danza del cosmos. 

Tener la experiencia de "el latido vital de eras que baila en este momento en nuestra sangre" es vivir la alegría, la conexión con el cosmos. 

Esta es la experiencia sanadora; es la experiencia de estar completo.

 Y estar completo es vivir en la gracia.

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