viernes, 18 de febrero de 2011

Vos que viste...


Vos que viste la inclemencia del día y la tiranía de la noche. 
Tu tierra desértica agrietada por sus venas. 
El lento caminar del agua anaranjada. 
El cielo sin cielo, abatido.

Vos que viste en tus manos caer el agua plomiza, 
y el plomo lloviendo sobre tus gentes. 
El brillo de la vida abandonando miradas,
 la inocencia destruida a edades muy tempranas.

Vos que viste cada paseo de la muerte sacudiendo
 sin contemplaciones tu pecho.
 El vaivén de las sacudidas temblorosas que te regala el miedo.
 El manto negro del paludismo y el juego sexual del Sida.

Vos que viste morir el amor en tus brazos y nacer la humillación
 por no poder salvar tu hogar en tu vientre.
Vos que moriste cientos de veces empuñando pistolas inventadas.

Vos que viste a tú alrededor montañas de cuerpos 
y de piernas mutiladas teñidas de escarlata. 
El temor de caminar y pisar una mina antipersona.

Vos que viste el hambre y la sed en tu piel y en otras pieles,
 tu que viste la desesperación, la agonía, la impotencia…
instalándose en tu alma. 

Vos que viste la onda expansiva de la guerra, y el eco del dolor.
 Vos que viste en tu piel un color diferente.

Vos que viste el desgarro que provoca la pérdida de los hijos.
 Vos que viste la muerte sin tan siquiera vivir. 
Vos que viste el maltrato del tiempo.
Vos que viste en tu garganta palabras despobladas.
 Vos que viste en tus ojos lágrimas de metralla. 

Vos que viste…

“Vos que viste tanto y sin embargo nada de todo ello duele tanto
 como gritar al mundo puñetazos cargados de verdades
 y que este mire a otro lado. 

Que espeluznante debió ser haber podido
 ver el verdadero rostro de la humanidad”

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