jueves, 10 de marzo de 2011

Hacia una terapia sin terapeutas: modificación del prejuicio cognitivo.


El tratamiento al comienzo de la década de 1880 de Anna O., diagnosticada como “histérica”, se considera generalmente como
 el comienzo de las terapias basadas en la conversación.

 Pero el psicoanálisis, como este tipo de terapias terminó denominándose, es un procedimiento muy caro.

 Se estima que el psicoterapeuta de Anna empleó más de
 1.000 horas con ella.

Desde entonces las cosas han mejorado. 

Una terapia actual, como una terapia cognitivo-conductiva,
 consiste en entre 12 y 16 sesiones de una hora de duración
 y es una forma razonablemente eficiente de tratar estados depresivos o la ansiedad (la histeria ya no es un diagnostico).

 La medicación también puede provocar un cambio rápido. 

Sin embargo, el tratamiento de los trastornos psicológicos no es algo
 en lo que todos los pacientes confíen, en unos casos porque no están dispuestos a revelar secretos íntimos y en otros porque 
no están dispuestos a tomar fármacos que alteren su mente. 

Existe un nuevo tratamiento en el que no es necesario nada 
de lo anterior. 

La Modificación del Prejuicio Cognitivo (MPC) parece ser efectiva
 tras sólo unas pocas sesiones de 15 minutos, sin fármacos
 y sin discutir sentimientos. 

De hecho no es necesario ni el terapeuta. Lo único que necesita 
es sentarse delante de un ordenador y usar un programa que altera sutilmente las pautas de pensamiento perjudiciales.

Esta intervención tan sencilla ha demostrado ya ser efectiva
 en el tratamiento de la ansiedad y las adicciones,
 y se está ahora probando para los casos de alcoholismo
 y trastorno por estrés pos-traumático, entre otras afecciones.

La MPC se basa en la idea de que muchos problemas psicológicos están causados por prejuicios automáticos a la hora de procesar
 la información. 

Por ejemplo, las personas que sufren ansiedad podrían tener lo 
que se denomina un prejuicio de atención hacia las amenazas: 
se centran de forma irremediable en cualquier cosa que perciban como peligrosa.

 Prejuicios similares podrían afectar a la memoria y a la interpretación de los acontecimientos.

 Siguiendo con el ejemplo, si un conocido pasa de largo sin saludar puede deberse o a que te ha ignorado o a que no te ha visto. 

La persona ansiosa, según la teoría tras la MPC, tendría el prejuicio
 de asumir la primera posibilidad como la cierta y reaccionaría 
según esa asunción.

El objetivo de la MPC es alterar esos prejuicios, lo que ha demostrado ser sorprendentemente fácil.

 Una manera sencilla de liberar la atención de prejuicios es mostrar
 a una persona dos palabras o dibujos (neutro y amenaza)
 en una pantalla de ordenador.

 En el caso de la ansiedad podrían ser una cara neutra
 y una cara enfadada.. 

Ante esta elección una persona con ansiedad se centra instintivamente en la cara enfadada. 

El programa, sin embargo, la incita a completar tareas que impliquen
 la cara neutra, como identificar letras que aparecen en su lugar 
de la pantalla. 

La repetición del procedimiento unas mil veces, en un total
 de dos horas, cambia la tendencia del usuario a centrarse
 en la cara ansiosa.

 Ese cambio es el que después se traslada al resto del mundo del sujeto. 

En este sentido la MPC funciona como una vacuna cognitiva:
 cuando el sujeto se enfrenta a la realidad en forma de, digamos,
 un conocido que no le saluda, se encuentra con que
 ha sido inoculado con una vacuna contra la ansiedad inapropiada.

Pero, ¿no es demasiado bonito para ser verdad? 
¿Ha sido realmente comprobado científicamente?
 La respuesta a ambas preguntas es sí.

En un estudio [1] sobre ansiedad social dirigido por Norman Schmidt,
 de la Universidad Estatal de Florida (EE.UU.), se siguió la evolución 
de 36 voluntarios a los que se les había diagnosticado ansiedad.

 La mitad de ellos se sometió a ocho sesiones cortas de MPC 
y la otra mitad constituyó el grupo de control y no tuvo tratamiento.

 Al final del estudio, la mayoría (72%) de los voluntarios que habían recibido MPC ya no parecían ansiosos, mientras que en el grupo
 de control sólo el 11% había reducido significativamente su nivel
 de ansiedad. 

Aunque este fue sólo un primer pequeño intento, sus resultados fueron mucho mejores que los de los tratamientos existentes. 

Un examen de la terapia clásica basada en la conversación llevado
 a cabo en 2004, por ejemplo, encontró que la mitad de los pacientes tenían una reducción clínica mente significativa de los síntomas.

 Los tratamientos basados en fármacos tenían
 un nivel de éxito similar.

Ha habido más trabajos que confirman estos resultados 
y muchos más se están llevando a cabo.

 El último de ellos [2] que se publica enPsychological Science,
 se centra en la adicción al alcohol. 

Investigaciones anteriores han demostrado que muchos adictos
 tienen un prejuicio de aproximación hacia el alcohol, en otras palabras, experimentan una atracción física hacia él. 

Es exactamente lo contrario de algo con lo que muchas más personas están familiarizadas, la aracnofobia. La aracnofobia es una forma
 de prejuicio que consigue que la mera visión de una araña
 nos haga retroceder instintivamente, como si tuviésemos un resorte.

En este estudio, dirigido por Reinout Wiers de la Universidad 
de Amsterdam, los investigadores intentaron comprobar hasta
 qué punto podían corregir el prejuicio de aproximación
 al alcohol usando MPC. 

Los 214 participantes (alcohólicos) fueron divididos aleatoriamente
 en dos grupos y recibieron o un tratamiento contra la adicción estándar (una forma de terapia conversacional) 
o el tratamiento estándar y cuatro sesiones de 15 minutos de MPC.

 En el primer grupo, el 41% de los participantes se mantenía abstemio un año después; en el segundo el 54%. 

No es que sea una cura para el alcoholismo,
 pero sí una mejora significativa sobre la terapia conversacional sola.

No todos los problemas son tratables con MPC.
 Por ejemplo, se ha comprobado que no sirve para la aracnofobia;
 lo que no sería de extrañar ya que es una respuesta evolutiva
 y no un comportamiento adquirido. 

Tampoco parece funcionar en los alcohólicos que no se rigen
 por un impulso sino por una decisión consciente de beber.

La técnica aún es incipiente y necesita un gran estudio aleatorio
 a largo plazo como el que requieren los nuevos fármacos
 antes de que pueda declararse lista para el mercado.

 Pero cuando lo esté, puede que tu terapeuta sea tu smart phone.

[La imagen Cognitive Trasformation (trance formed) es la versión
 de Trance del original Cognitive Transformation de Ben Tolman.]

Referencias:

[1]

Schmidt NB, Richey JA, Buckner JD, & Timpano KR (2009). Attention training for generalized social anxiety disorder. Journal of abnormal psychology, 118 (1), 5-14 PMID: 
19222309

[2]

Wiers, R., Eberl, C., Rinck, M., Becker, E., & Lindenmeyer, J. (2011). Retraining Automatic Action Tendencies Changes Alcoholic Patients' Approach Bias for Alcohol and Improves Treatment Outcome Psychological Science DOI: 
10.1177/0956797611400615
Experientia docet.

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