Es muy dura la rutina en la escuela de los dioses.
Que si milagros, que si cataclismos, que si apariciones, que si profetas,
que si revelaciones de la palabra.
Afortunadamente, si hay algo que le sobre a las futuras divinidades es fe.
Y por eso siguen, día a día, formándose de una forma inhumana
hasta que aparece una vacante en un nuevo planeta habitado,
siempre reservada para los mejores alumnos,
o una nueva religión, la salida laboral de los dioses con minúscula.
La competencia y el nivel de exigencia se elevan:
en la última promoción, sólo se titularon trece.
Doce ya tienen trabajo en la Tierra.

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