Disfrutaba viajar en guagua, porque por sobre todas las cosas le encantaba soñar cuando lo hacía, no importaba la posición: sentado, en un pie, en el otro, contra la ventanilla, contra la puerta, debajo de un brazo maloliente, sobre el vómito testigo de alguna resaca insómnica, todo era inerte, las calles por las que pasaba y miraba se distorsionaban en lo profundo a través de algún pensamiento que a la larga la mayoría de las veces no se concretaba.
- Complementos- pensó- solo complementos que me ayudan a hacer la vida más liviana, más feliz, a veces paradisíaca, a veces no quisiera despertar.
- Sal del medio imbécil, que me quedo en esta!!!
Con “dulces palabras” regularmente lo sacaba de su paralelismo algún imbécil, y tenía que comenzar de nuevo, ahora en otro sitio, con otra gente, con otro cielo, con otra tierra, con ella.
- Complementos- pensó- solo complementos que me ayudan a hacer la vida más liviana, más feliz, a veces paradisíaca, a veces no quisiera despertar.
- Sal del medio imbécil, que me quedo en esta!!!
Con “dulces palabras” regularmente lo sacaba de su paralelismo algún imbécil, y tenía que comenzar de nuevo, ahora en otro sitio, con otra gente, con otro cielo, con otra tierra, con ella.
Últimamente ella siempre estaba
y eso lo perturbaba.
Realmente lo mejor de las fantasías es que pueden convertirse en realidad,
Realmente lo mejor de las fantasías es que pueden convertirse en realidad,
hoy, mañana, pasado, el próximo año, el próximo siglo, la próxima vida,
él cuando era trivial, lo importante del asunto es que era posible
y estaba ahí para hacérselo todo más soportable, el eterno dilema del ser
o no ser, tratando la mayoría del tiempo de no ser, y ser otro,
para vivir más veces y no cargar con las culpas de nada.
Estos paseos sin remedio al trabajo eran su salida, la empresa se había convertido en una cárcel repleta de demasiadas ideas sobre cómo poner
Estos paseos sin remedio al trabajo eran su salida, la empresa se había convertido en una cárcel repleta de demasiadas ideas sobre cómo poner
los pies sobre la tierra, que locura, que estupidez, con lo bien que se está
en las nubes.
La suerte era que para digerir aquello tenía de aperitivo su viaje
de las mañanas y para refrescar el de vuelta casa en las tardes,
la lejanía era un factor fundamental, le daba la posibilidad de enmendar
los estragos de algún imbécil si interrumpía.
Ya los malos olores del entorno real estaban penetrando sus fantasías, flasheaban y se fundían con el calor, la guagua era tan amplia que cabía
Ya los malos olores del entorno real estaban penetrando sus fantasías, flasheaban y se fundían con el calor, la guagua era tan amplia que cabía
el mundo, pero qué coño, demasiado sobre poblado.
La quimera se volvía algo insoportable, pero ella seguía allí,
derritiéndose dentro, mirándolo, sensual, bella, con sus senos rebotando uno con otro y los pezones que querían salir, sudaba como todos y como nadie más podía hacerlo, corriéndose las gotas por las caderas,
tal vez corriéndose ella, tal vez, y acercándose, más, más, aún más,
y él más apretado que nunca dentro del mundo, y ella más salvaje,
su boca quería algo, decir, gritar, y gritó:
-Sal del medio idiota, que me quedo en esta!!!-
-Sal del medio idiota, que me quedo en esta!!!-
y un frenazo acompañó los miles de decibeles que acababan
de hacerle polvo lo que había demorado siete paradas de viaje en construir.
Y solo pudo ver como ella bajaba y se alejaba,
Y solo pudo ver como ella bajaba y se alejaba,
más, más, aún más.
- ¡Imbécil! - pensó, y comenzó de nuevo,
todavía quedaban tres paradas.

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