miércoles, 7 de diciembre de 2011

Lilith fue la primera mujer que reclamó un lugar de igualdad con el hombre en la obra de Dios


Génesis 1 27. 
"Y Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; lo creó a la imagen de Dios, los creó varón y mujer.

28. Y los bendijo, (…)."

El varón se llamó Adán y la mujer Lilith (según consta en la literatura hebrea). 
Lilith, la primera esposa de Adán estaba hecha con "arcilla del suelo", igual que él. 
Era hermosa, vital, inquieta, inquisitiva… libre… y no disimulaba su risa cuando Adán, todavía un novato en esto de estar en el Paraíso, se equivocaba.
 La mirada divertida y burlona de Lilith lo desconcertaba. 
¿Cómo se podía reír de él, que estaba hecho a imagen y semejanza de Dios y Dios era perfecto y todo lo hacía bien?
Los primeros tiempos, Adán estaba entusiasmado con esta mujer, que representaba todo un desafío.
 Pero después se cansó de tener que reflexionar con ella, negociar y llegar a acuerdos en los que en ocasiones, según él, "salía perdiendo"… además ella no quería estar siempre "abajo", sabía lo que quería y pedía lo que tenía ganas.
 Era muy demandante.
Fue por esa época que él se tomó muy en serio lo de "dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven en la tierra", y comenzó a dar órdenes que Lilith prolijamente no cumplía. 
Desalentado visitaba a Dios y le contaba sus tribulaciones. 
El Creador, cansado de tantos lamentos, habló con Lilith:
"Adán es un buen muchacho, mirá que paciencia que te tiene, 
¿dónde vas a encontrar otro? 
Mejor hacele caso."
¿Hacerle caso? 
¿Subordinarse a ese "buen muchacho" incapaz de entender que eran diferentes, pero que eso no significaba ser mejor o peor, reacio a aceptar una convivencia sin jerarquías, en un plano de igualdad?
 No, decididamente NO. 
Habían sido creados el mismo día y de la misma manera, por lo tanto tenían los mismos derechos, argumentó y se fue a nadar despreocupada en la cascada, exhalando a su paso un aroma a hierbas y musgo que hizo suspirar al creador.
Indudablemente la "rebeldía" tenía su encanto.
Un día, cansada de los lloriqueos de Adán y de las presiones de Dios, decidió que el Paraíso no tenía nada de maravilloso y se fue. 
Así de simple, sin sentir una pizca de remordimiento o de culpa.
 El pecado todavía no existía.
 Cuentan que le dejó todo a Adán, no se llevó ni una hoja de parra. 
Su desnudez la hacía sentir hermosa y fuerte.
Dios respiró aliviado creyendo que habían acabado todos los problemas, pero no.
 Adán estaba insoportable: a pesar de toda su cacareada autosuficiencia, la soledad le pesaba. 
Ya nadie aplaudía lo que hacía, ni le daba las gracias, ni… Ni las sumisas ovejas, ni las juguetonas cabras podían compararse con Lilith. 
¡Realmente cómo se habían divertido!
La tristeza de Adán conmovió al Creador… además, quería sacárselo de encima; había que reconocer que, sin una mujer, se ponía muy fastidioso. 
Entonces, decidió darle una compañera menos "independiente".
Génesis 1 18.
 Después dijo el Señor Dios: "No conviene que el hombre esté solo. 
Voy a hacerle una ayuda adecuada". (…), con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.

23. 
El hombre exclamó: 
¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!
Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre".

En la Biblia aparece una fugaz alusión a Lilith. 

En Isaías 34,14 se explica con todo detalle cómo Dios con su espada mata 
a todos los habitantes de Edom, lugar poblado por enemigos acérrimos 
de los judíos, y que allí quedan como dueños y señores los animales. 

Buitres, serpientes... y Lilith. 

"También allí Lilith descansará y hallará para sí lugar de reposo".

Lilith ha sido traducido por lechuza o ardilla, evitando toda referencia
 a la figura precedente de Eva. 

En nota al pie se hace constar:

 "Los hebreos creyeron que significaba un ser diabólico, en forma femenina, noctívago, espantajo de la fantasía popular".

Las variaciones del mito llevan a Lilith a convertirse en seductora 
de los propios hijos de Adán y Eva (abordando a Caín con palabras de consuelo y reposo tras la muerte de Abel), o a asimilarla con la propia serpiente del Paraíso dando cuerpo de serpiente mientras Satán daba cara humana y la voz que sedujo a Eva (como en los frescos de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina). 

Un relato de Primo Levi nos recuerda que Lilith es la amante del mismo Dios creador, y que vive en el Mar Rojo comandando una corte de demonios.

 Y otra tradición afirma que Samael, luego Satán, el ángel caído, se convierte en pareja de Lilith, e incluso que juntos seducen 
a Eva para que engendre a Caín.

Lo que sigue es historia conocida.
Lilitu (1892), tablilla de terracota Sumeria o Asiria.
colaboración: Graciela Avenali

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