martes, 19 de junio de 2012


No es casualidad que periódicamente se hable de una “nueva Tierra”, esto es, de un planeta más parecido al nuestro que la “nueva Tierra” precedente.  También se denominan supertierras, ya que son más grandes, pero tiempo al tiempo: las mejoras en tecnología y en análisis de datos permiten revelar objetos antaño ocultos para el ser humano, 
y entre ellos podría encontrarse un calco del Planeta Azul.
La última súpertierra se llama GJ667Cc, su periodo orbital dura 28,15 días 
y su masa mínima es 4,5 veces superior a la terrestre.
 Asimismo, el planeta absorbe aproximadamente la misma cantidad de energía de su estrella que la Tierra del Sol, lo que ha creado una fuerte expectativa entre los “terrícolas”: las temperaturas del lugar podrían ser similares a las nuestras, podría existir agua líquida y, gracias a ella, vida. 
Se trata sólo de una hipótesis que requiere más investigación, 
pero ya estamos soñando.
El nuevo candidato a planeta con vida ha sido descubierto por un equipo internacional de científicos, que han analizado observaciones de uso público realizadas con el Observatorio Europeo Austral (ESO), a las que añadieron datos tomados por el Observatorio Keck y el Telescopio Magellan II. 
Hasta el momento se trata del exoplaneta conocido de menos masa, sólo cinco veces la terrestre, y del menos caliente. El alejamiento respecto a su estrella y la relativa frialdad de ésta han hecho que su temperatura superficial estimada sea de 53 K (-220 ºC), parecida a la de Neptuno o Plutón. 
Tiene un nombre del cual es difícil acordarse: OGLE-2005-BLG-390Lb.
Probablemente compuesto de rocas y hielo, el nuevo planeta representa un paso adelante en la búsqueda de lugares que puedan albergar vida, aunque su temperatura sea probablemente demasiado extrema para ello. Además, se trata del primer cuerpo cuyas características concuerdan con las esperadas según la hipótesis dominante sobre la formación planetaria en el Sistema Solar: la agregación de planetesimales formó núcleos planetarios que, en caso de poseer suficiente masa, captaron gas y dieron lugar a planetas gaseosos.

La autoría del descubrimiento, realizado con la técnica de la microlente gravitatoria, es de los astrónomos de la colaboración internacional PLANET (Probing Lensing Anomalies NETwork), dirigida por Jean-Philippe Beaulieu (Institut d’astrophysique de Paris).

Imagen: 
Visión de una estrella con dos planetas. 
Sólo GJ667Cc se encuentra en la zona de habitabilidad de la estrella, donde podría haber vida.