
...La heladería de la esquina, como tantas veces, aunque la última fue en un caluroso y húmedo día de enero.
Y no puedo dejar de recordarlo.
Y no puedo dejar de recordarlo.
Un mesa pequeña, nuestro rincón favorito.
Distraído, juego con la cucharita del café...pero no puedo dejar de mirarte de reojo.
Has pedido un helado de crema americana, como siempre, pero hoy esa cosa blanca está incendiando mis entrañas.
No te lo digo, pero no dejo de observar cómo deslizas tus labios por los contornos del dulce;
cómo deslizas tu lengua sobre el cuerpo del delito.
cómo deslizas tu lengua sobre el cuerpo del delito.
Me miras mientras me cuentas tus ideas acerca del poemario que tienes entre manos, pero no las escucho,
hoy no puedo...tu boca, tu lengua...la crema americana en la comisura de tus labios.
Me quemo, ardo bajo la mesa.
hoy no puedo...tu boca, tu lengua...la crema americana en la comisura de tus labios.
Me quemo, ardo bajo la mesa.
Helios vive en mis tejanos.
Me levanto y pago, te extraña tanta prisa...
"vamos, nena...quiero comentarte algo".
Llueve, lluvia de enero que refresca el ambiente, aún así, el calor que desprendo ha inflamado tu deseo
y el corto camino a casa se nos hace eterno.
y el corto camino a casa se nos hace eterno.
Son las seis de la tarde.
Como dos adolescentes en su primer encuentro,
te empujo contra la pared del ascensor.
Hueles a lavanda y a horno encendido, a mujer en la cima de su feminidad.
Me vuelvo loco, mis manos arañan tus vaqueros y tus uñas hieren mi espalda.
El bellísimo caoba de tus ojos es un mar en llamas.
No recuerdo si he cerrado la puerta, qué más da...me devoras los labios,
te muerdo el cuello...mientras te llevo por el pasillo con las piernas entrelazadas en mi cintura.
Saboreo el azúcar de tu boca. Arde y quema la alcoba...
Saboreo el azúcar de tu boca. Arde y quema la alcoba...
...Y mis dedos dibujan tu perfil, lentamente, caminantes furtivos sobre tu tierra desnuda.
Muy despacio, encuentro la concavidad de tu cintura y me detengo,
Muy despacio, encuentro la concavidad de tu cintura y me detengo,
¿subir tus caderas o deslizarme en tu vientre?
Tu vientre, terso, cálido, suave; tu vientre se agita, arriba y abajo, arena blanca que muere bajo mis yemas.
Despacio, despacio te das la vuelta y te encuentras con mis labios, tus labios,
mis labios...sin tregua.
Te mueves, entre besos que son mordiscos, dos lenguas en guerra..
Bajo, te devoro el cuello y te ofrezco clemencia.
La niegas. Asciendo tus pechos y cruzo tus llanos, sudas, sudo,
escucho el quejido de las sábanas bajo tus uñas.
escucho el quejido de las sábanas bajo tus uñas.
Y desciendo, viajero guiado por tu perfume,
por tu calor; dulce tierra mojada en el seno del mar de enero,
en las aguas del océano de fuego... Arde Troya.