Me resulta increíble que desde hace unos días parece ignorarme.
Pasa a mi lado y como si no estuviera.
Qué distinto a todo ese tiempo atrás cuando los detalles, los comentarios, las atenciones, todo en general era bien recibido. Recuerdo un día que llevaba vestido rojo, zapato plano
y algo le ocurrió en el calzado que se apoyó en mí
y la ayudé a solucionar su problema.
Recobró la verticalidad y reanudó la marcha; creo que me dedicó
un guiño especial.
Otro día llovía con fuerza y basta decir que su cuerpo se pegó a mí, buscando refugio, para mostrar la intensidad de la relación.
Por todo ello lo de ahora no lo comprendo.
No debiera ser tan sensible, no debiera dolerme su indiferencia.... Al fin y al cabo, tan sólo soy una columna de granito, bajo un porche, en un edificio de Correos de una ciudad de provincias.
