miércoles, 17 de abril de 2013

Mi pregunta... Dónde está el limite...? (27297)


He empezado a ojear la Historia del Pensamiento Filosófico y Científico. Y la verdad, esto es como dar de comer a un hambriento compulsivo. Me he vuelto a detener en Sócrates -pobre hombre- y en su discípulo Platón -vaya desencanto tenía.
El caso es que la vida está plagada de pequeñas historias particulares de las que jamás llegamos a saber nada -no es el caso de éstos dos-, y muchas de ellas tienen sus puntos interesantes, pese a lo anodinas que se nos puedan mostrar.
La vida es sagrada, ni más ni menos porque cada uno de nosotros nunca volverá a estar aquí -ni allá- después de... ya saben. No voy a ser exclusivista de lo humano, por lo menos al principio, de modo que incluyo a otros seres que me deleitan con su lealtad y compañía, con su serenidad, con su elegancia y precisión, o con su rara y sencilla belleza: ninguno de éstos volverá a estar aquí, aunque los sustituya con otros hermosos ejemplares.
Tampoco la Tierra que pisamos fue como ahora la vemos, aunque, aquéllas otras -Tierra- que ha ido siendo el planeta a lo largo del tiempo, en cambio, sí están aquí, y la Geología nos las muestra; el proyecto que esboza sus posibilidades continúa activo: una de ellas es la vida. 
Desde el punto de vista de la vida, ella en sí misma es un proyecto repleto de posibilidades; cada ser vivo es una de esas posibilidades, que a su vez encierra un proyecto propio con sus distintas posibilidades.
 Por todo ello, cada pérdida prematura es irreparable. 
Esto lo digo por Sócrates y por todos los mártires que por voluntad o por azar han caído. 
Y aquí incluyo cada muerte innecesaria o injusta o evitable, independientemente de la edad del individuo
 y de la especie.
Me pregunto qué valor damos exactamente a la vida. ¿Un valor moral? 
Y ¿qué quiere decir eso? ¿Que sólo está relacionado con la muerte?
 El de la vida es el término más manido que existe... porque, como se usa para tantas cosas...
 (Insisto en que se debería poder reinventar las palabras).
En torno a la vida y la muerte hay una burocracia tremenda, que las afecta en muchísimos sentidos. 
¿Acaso no nos han pedido alguna vez que demostremos que estamos vivos?
Aristóteles hablaba -ya empiezo- del Estado Ideal, como proyecto común para ciudadanos griegos; 
como a veces patinaba un poco en el chucrut (el hombre tenía sus contradicciones), 
no entraré en más detalles.
 Me quedo con el proyecto común y lo traslado -ahora sí- al ámbito humano.
 Como he dicho, cada ser humano tiene su proyecto de vida con sus posibilidades;
 los individuos que comparten rasgos se unen a un proyecto común en el que encuentran posibilidades,
 y establecen sus obligaciones y sus pactos. Cada país o nación hace lo propio. 
Bien, según Aristóteles, la finalidad de esto es respeto, bienestar, protección, bondad... felicidad. 
En definitiva, el ser buenos depende de los fines y de nuestra voluntad. 
Para Aristótles la bondad es una virtud, que se adquiere practicando lo que le es afín para crear un hábito, una costumbre. Esto todo parece muy legítimo, incluso, actual.
Pero la realidad es otra. La costumbre nos está perdiendo: nos hemos acostumbrado a todo; 
estamos enfundados en un uniforme, un hábito donde se consiente casi todo y está muy lejos de la virtud.
Pienso que se es demasiado alegre con la vida y la muerte de puertas para afuera. 

“El problema no es ser lo que soy 
sino, lo que soy, no serlo bastante". 

(Aplicado, claro está, a la buena gente)

En muchas conversaciones que sostengo con amigos, 
donde cada uno defiende sus opiniones, siempre hago la misma pregunta: 

¿dónde ponemos el límite? 

Es una pregunta que me hago a mí mismo constantemente, cuando pienso sobre algunas cosas e intento justificarlas. Es una pregunta obligada.
¿Ante ciertas injusticias, que se llevan a la práctica porque perjudican a uno solo o a pocos individuos,
 ¿dónde ponemos el límite? para seguir actuando del mismo modo?
Ante el corporatisvismo, que es la forma de solidaridad más despreciable que conozco y mancha el concepto, ¿dónde ponemos el límite?
Desde plantar una lechuga y cazar un conejo para comérmelos, hasta consentir la caza deportiva, la tortura  y la explotación sistemática del planeta... ¿dónde ponemos el límite?
Ante el sacrificio negligente, político, bélico, ideológico, colateral... de vidas humanas, ¿dónde está el límite?
Las tentaciones de cerrar los ojos son muchas, se nos pone muy fácil.
 Las virtudes se ensalzan a bombo y platillo a cualquier hora del día, en cualquier situación; 
y mis preguntas descienden o ascienden... ya no lo sé, porque se me amontonan: 
¿De verdad hace falta llevar el uniforme?
¿Tan corrompidos estamos?
¿Por qué la honestidad es una amenaza?

Cuando la honestidad se castiga: ¿qué nos queda?
¿Dónde está el límite?
¿Dónde está mi nave?... desde Hipatía