Antonio es un personaje muy singular. Vive en un edificio muy antiguo y su departamento consta de dos habitaciones, una en donde duerme y la otra que le sirve de sala, comedor, cocina y sala. Todo a la vez. En esta habitación tiene una mesa que la usa para comer y para ejercer su singular oficio. Es un escritor a pedido. Recibe pedidos de otras personas para escribir cuentos y otras historias. Todos los cuentos que el ha escrito han sido utilizados de las mas diversas maneras, inclusive algunos han ganado premios en concursos, pero él jamás recibió nada por ellos. tampoco lo solicitó. Es más, no le interesaba el reconocimiento de sus clientes, sólo le importaba el dinero pagado por sus cuentos. Esa tarde Antonio se hallaba sentado al borde de la ventana que da al patio del edificio. Silencioso observaba como jugaban los niños con una pelota vieja. Le recordaba a su infancia y sonreía. ¿Cuánto tiempo estuvo mirando? No le importó, sólo fue suficiente para dejar su mente en blanco y no escuchar el timbre que sonaba insistentemente. Antonio salió de su letargo y dirigiéndose a la puerta, abrió. Era uno de sus habituales clientes, al que regularmente le había hecho algunos trabajos, cuentos cortos.- Mi querido Antonio -dijo el hombre ingresando a la casa- ¿Cómo estás?. Supongo que bien...como siempre...- Ahórrate los cumplidos y ve al grano. ¿Qué quieres?.- dijo dándole la espalda y sentándose en una de las viejas sillas- no tengo tiempo para perder en charlas inútiles...- Ja, Ja!!!. -rió el hombre sentándose en la otra silla - Siempre tan tajante. Ja ja ja¡¡¡. Bueno, mira, tú sabes que la municipalidad ha convocado el segundo concurso anual de cuentos fantásticos y...- dándose aires de importancia continuó - considerando que tengo cierta fama por mis premios ganados, debo.... ehh... tengo que participar. He venido para contratarte. Necesito uno muy bueno - remató serio.- Muy bien – respondió Antonio sin mirarlo, arreglando unos papeles sobre la mesa - Tu sabes cuanto es la tarifa por cuento. - Si, eso ya lo sé, pero yo quiero algo muy especial, muy pero muy especial. Algo que de que hablar. Tengo que ratificar mi fama de escritor. Tu sabes, gracias a tus cuentos y a mi habilidad, ya tengo cierto nombre y debo procurar no perderlo...Comprendes no?.- dijo en tono suplicante.- ¿Uno de amor...? - preguntó con sorna Antonio.- ¡No !, ya te he dicho que es un concurso de cuentos fantásticos. Eso es... una historia fantástica... algo que de que hablar.- Fantástica.?... Estas seguro que eso deseas ? ... mmm... algo que de que hablar... mmm...- repitió Antonio mirando a la nada.- Seguro que eso deseo. Una historia realmente fantástica...algo que saque de sus casillas a la gente...- gritaba entusiasmado el hombre...- ¿Podrás? - preguntó.- Por supuesto que puedo - bramó Antonio visiblemente irritado por la duda del hombrecillo.- Podré. Regresa el miércoles de la próxima semana.- No, imposible - dijo el hombre saltando de la silla. Debe de estar listo el viernes. El plazo de entrega de los cuentos vence este viernes a las 7 de la noche y...- Pero estamos miércoles - interrumpió Antonio - Faltan dos días, imposible. Olvídate de tu cuento. Te pago el doble...¿Si? ....el doble..... - Insistió el hombre, levantándose nuevamente de su silla. Ya en la puerta, le entregó a Antonio el cincuenta por ciento de lo convenido. Antonio contó los billetes y los guardo en su bolsillo. - No me falles -dijo el hombre saliendo de la casa tirando la vieja puerta. Antonio puso cerrojo a la puerta y mirando la maquina de escribir sobre la mesa desvencijada del comedor, acomodó su silla y aseguró con un papel la pata de la mesa y de un cajón sacó unas hojas en blanco. Cuanto tiempo paso, realmente no se dio cuenta Al observar en el suelo la cantidad de carillas arrugadas, notó que había escrito mucho, pero no había avanzado nada. Insistió e insistió, para lograr darle un toque fantástico hasta que lo logró. Sacó de la máquina la hoja y la puso al final del montoncito de carillas escritas e inició la etapa de corrección. A las seis de la mañana concluyó el cuento y agotado se tiro a la cama entrando en un profundo sueño. Cuando despertó estaba oscuro. Debía haber dormido por lo menos entre doce y trece horas, así que debían ser las seis o siete de la noche. Se estiró bostezando, se fue al baño y se lavó la cara sin jabón, con agua nomás. Nuevamente en su cuarto, se cambió de ropa y salió a la calle. Lo que más le extrañó, fue no ver a nadie, ni en la calle ni en el edificio. Caminó un trecho y en el reloj de la iglesia de la plaza, vio la hora. Eran las cinco y treinta. era un error del viejo reloj o había dormido 24 horas.- pensó.- Así que hoy es viernes. Hoy – viene por su cuento - dijo despacito marcando las palabras una por una.- Ja, Ja....- rió. Corriendo, regresó a su casa y subiendo de dos en las escaleras del edificio, se detuvo en el primer descanso. Ya calmado, entró a su departamento y preparó un café. Con su taza humeante, acomodó las cuartillas para pasarlas en limpio y entregarle al hombrecillo "su cuento".Habrían pasado algo mas de tres horas y el timbre sonó insistentemente. Por supuesto tenia que ser él. No puede fallar. Antonio se levantó y acercándose a la puerta miró por el ojo mágico y lo vio. Se rió para sus adentros y abrió la puerta.- Buenos días.- Dijo el hombre feliz. Como esta mi amigo...este... mi cuento está listo.? -preguntó algo tímido.- Si – dijo secamente Antonio, pero dejando sentir algo de burla y sorna en su voz que estremeció al hombrecillo.- Por favor entrégamelo... aquí tienes el dinero - habló muy ansioso sacando otro fajo de billetes del bolsillo.- Pero escucha primero, tengo algo que decirte...- dijo el cuentista en forma de advertencia.- ¡No y no¡. No tengo tiempo.- Insistió con el dinero -Es muy importante...- No. No insistas - cortó el hombre. Antonio se acercó a la mesa y sacó de un sobre los originales entregándoselos al hombre. Tanta era su prisa que no escuchó lo que Antonio iba decirle. Con el cuento en la mano desapareció, como alma que lleva el diablo, corriendo por las viejas escaleras del edificio. Antonio quiso gritarle algo, pero no lo hizo. Cuando ya iba a cerrar la puerta, vio que el hombre subía rápidamente por las escaleras. Antonio se quedo en la puerta y el hombre sacando de su bolsillo el fajo de billetes, se los dio y volvió a desaparecer. Cerró la puerta y esta vez si contó el dinero. Llegó el día de los resultados del concurso y bajó a comprar el diario, cosa que no hace con frecuencia, para enterarse quien había ganado. No le llamó la atención que el ganador fuera "su cuento". Bueno, ya no lo era. El periódico publicaba también la foto del ganador. El cuento era bueno de verdad y esta vez si le dolió que otro disfrutara de la fama. Los elogios para el hombre abundaban en el reportaje. Por supuesto ni la más mínima mención al verdadero autor. Pero no podía quejarse. El había cobrado muy bien por su trabajo. SI que había cobrado bien esta vez. Pasaron muchos días y todavía se escuchaban elogios para el hombre. Era cuestión de esperar. Hasta que por fin sucedió.Quince días después tocaron a la puerta, acercándose a ella, pregunto: ¿Quién es?. Una voz horrible, irreconocible, mencionó algo que podía parecerse a su nombre. Abrió la puerta y ante sus ojos apareció una masa amorfa y asquerosa además de un olor hediondo e insoportable. Antonio hizo pasar a la criatura, obedeciendo esta dócilmente.- ¿Qué me ha pasado.? ¿Por qué me he convertido en un monstruo.? - dijo la cosa, entendiéndosele apenas.- ¿Te has convertido? Siempre has sido un monstruo, jamás has sido otra cosa.- dijo Antonio.- Ahora tienes tu verdadera imagen.- Pero, por qué.? – lloró el hombre.- Bien, tú pediste un cuento fantástico, algo que de que hablar. Recuerdas.? Pues bien yo lo escribí para ti. Te tomaste la molestia de leer bien el cuento.? Seguro que no. Nunca lo has hecho. Sólo te interesó la gloria, los premios, los halagos. El hombre, o lo que parecía ser un hombre, miraba a Antonio por el único ojo bueno y babeando trataba de contestar. Su aspecto era repulsivo ya que con el muñón que tenía por brazo debía limpiarse la espesa baba que chorreaba por la comisura de sus labios.- No lo leí.- dijo la bestia.- No lo hice.- Lo imaginé; quise advertirte pero no quisiste escuchar, pero ahora tendrás que hacerlo – dijo Antonio sentándose en su silla y tomando el cuento para leerlo. El hombre se acercó un poco más a Antonio y le suplicó por ayuda, pero Antonio como quien no escucha inició su relato.- Trata de un hombrecillo que escribe para otros, pero ellos, tan egoístas, jamás le han reconocido su talento. Sin embargo, por el aspecto del hombrecillo, ellos presentan a concursos sus cuentos y cuando ganan los premios reciben inmerecidamente los premios sin participarle nada. Un día, recibe el encargo de escribir un cuento para uno de sus mezquinos clientes. El acepta el encargo pero decide vengarse de todos en la persona del cliente mezquino y le añade un ingrediente mágico: cada vez que el hombre reciba un elogio por el cuento y él lo acepte sin miramientos, se convertirá en un ser repugnante. Eso es todo, si hubieras sido prudente y no hubieras aceptado tan fácilmente esos elogios, no sería ahora lo que eres.- Pero..., por qué.? Por que me has hecho daño...- lloró la bestia.- ¿No querías una historia fantástica.? No querías una historia que de que hablar.? – preguntó Antonio al amorfo ser tratando de parecer compasivo.- Si...- murmuró la bestia.- Pues ahí la tienes. Tú eres la historia. Cuando dijo esto, Antonio hecho a reír. Rió a carcajadas y mientras reía, le señalaba la puerta al hombre para que se vaya. La bestia lo miró suplicante pero Antonio, riendo aún, le abrió la puerta.
Adolfocanals@euc.ar
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