
Esa suave sensación de soledad fue apoderándose del momento. La oscuridad de la habitación, sólo rota por una muy tenue luz que se desliza traviesa por la ventana. El ruido de un colectivo avanzando a lo lejos. El súbito frenar de un auto que descuidado trata de pasar el semáforo y en el ultimo momento se percata de que hay un tope escondido en la esquina. Los murmullos de los árboles cuando son acariciados por el viento. Sus sombras que bailan al compás de una música extraviada hace siglos y hoy dominada por el rumor de motores y de maquinas de construcción que nunca descansan.
Sus sentidos estaban totalmente llenos de eso. De los sonidos de la noche, de los olores de la madrugada. De las sombras de la soledad.
Costó trabajo, pero poco a poco fue cayendo en un sueño cada vez mas profundo.
De repente sintió como sus pulmones se llenaban de un aroma al mismo tiempo familiar y lejano. Sintió como su piel se erizaba. Sintió caricias casi olvidadas, que recorrieron su cuerpo. Sintió una respiración que sincronizaba con la suya. Un cuerpo tibio le cobijó. Y así pasó la noche.
Cuando el hablar de los pájaros pudo tomar por asalto la madrugada y una tenue coloración poco a poco se fue apoderando del firmamento, él despertó con sabor a besos y con una sonrisa en la cara.
El gato todavía dormía a piernas sueltas no muy lejos. En la distancia el ladrar de los perros, los autos pasando y alguien barriendo la calle. Todo parecía igual. Todo se veía igual.
¿Sólo fue un sueño?
Adolfocanals@educ.ar
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