
Cuando uno piensa en un choque entre dos mundos, se le podrían venir a la cabeza películas de serie B repletas de platillos volantes, alienígenas verdosos, y rayos destructores. Pero estos supuestos ficticios solo afectarían a los seres que caminasen sobre las capas superficiales. Lo cierto es que un “choque real entre mundos” hace que la energía liberada en una guerra nuclear parezca un juego de niños. Cuando estas cosas suceden relativamente cerca, a los científicos solo les queda observar las nubes de polvo y escombro resultantes.
Esto es exactamente lo que está haciendo un equipo de astrofísicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), en colaboración con Caltech y la Universidad del Estado de Tennessee. El objeto a estudiar recibe el nada poético nombre de BS+20 307, y se trata de una nube de polvo gigantesca que ocupa el lugar de lo que - según creen - debieron ser dos planetas rocosos, probablemente similares a Venus y la Tierra.
Los astrónomos saben que el origen de esa nube de material se debe a una colisión simplemente porque está allí. La confirmación espectroscópica de la edad de las estrellas cercanas muestran que cualquier polvo generado por los procesos de creación estelares, hace mucho tiempo que debería haberse relegado a los bordes exteriores del sistema. Y es que las estrellas bombean cantidades colosales de radiación capaces de despejar de pequeña partículas cualquier sistema planetario. La única explicación posible para la presencia de tanto polvo en la zona durante esta fase de la vida de una estrella, es que provienen de la destrucción de un objeto mucho más grande - por ejemplo un planeta.
Un dato que obvié en el párrafo anterior es que que existen dos estrellas en BD+20 307, lo que lo convierte en el primer sistema binario (de estrellas estrechamente cercanas) con planetas - o lo que quede de ellos - que se ha observado. Tranquilos, no hace falta preocuparse por los cascotes, el sistema se encuentra a 300 años luz de distancia.
Obviamente a los científicos les interesa conocer la posibilidad de que dos sistemas aparentemente estables puedan de pronto decidir jugar al pinball con sus planetas. Algunas simulaciones futuras del sistema solar muestran la remota posibilidad de que Mercurio se convierta en un objeto balístico que rebotase hacia las órbitas exteriores de la Tierra o Venus (lo cual crearía un caos similar al de un elefante en una cacharrería) pero esto no debería preocuparnos demasiado puesto que la peculiaridad del sistema BD+20 307 radica precisamente en que consta de dos estrellas. Un sistema triple formado por dos estrellas y un planeta da para muchas más variaciones probables a lo largo del tiempo, que nuestra clásica configuración monoestelar.
Esperemos a ver las conclusiones que los científicos extraigan de esta colisión, y que se publicarán en la edición de diciembre de la revista Astrophysical Journal.
adolfocanals@educ.ar
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