
Me recuesto en el plaza y miro al cielo encerrado dentro del cuadrado que dibujan los edificios de la plaza. En algún lugar suena "La vie en rouge", impregnándolo todo. Cierro los ojos y sonrio. Charlando de todo y de nada, la miro de vez en cuando para comprobar que anda más en las alturas que yo. Poco a poco, la conversación va dando lugar a silencios cada vez mayores... Sólo rotos por frases que en realidad nos decimos a nosotros mismos. Frases que decimos en voz alta, para oirlas desde fuera. Que recogemos y nos devolvemos, sabiendo estar, en el silencio.
Y asi, en este diálogo que solo ella y yo entendemos, en esta suma de frases inconexas, sus ideas, las mias, se ordenan.
Hasta que nos quedamos en silencio, del todo. Nos miramos y sonreimos entonces,cómplices,sin palabras.-
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Creo que por eso nos queremos tanto.
Podemos hablar (o no hablar) de cualquier cosa.
Siempre nos entendemos.
Yo.
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