
Media mañana.
Y los geranios que pudieron ser azules, lilas, ocres, invisibles, despoblados están ahí.
Pudieron no haber existido, pero los viste y eran de un rojo aterciopelado.
Espeso como la sangre.
De un rojo atrevido que bailaba para tí, entre las puertas entornadas, de las galerías sombrías, donde a veces te pierdes.
Pero esta vez se adelantaron y salieron a buscarte, para terminar enredados entre tus manos y salvarte.
Geranios carmesí completaron el paisaje de tus ojos, y apagaron la oscuridad.
Aunque no sé si estaban o me los inventé...
para Tí.
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