miércoles, 22 de octubre de 2008

Matemáticas naturales ...


¿Qué historias nos cuentan los objetos desde su mutismo? ¿A qué matemático lenguaje obedece su casual disposición? ¿Hablamos el mismo idioma? ¿Qué significan en el mundo inanimado conceptos como unidad y multiplicidad? ¿Qué proceso tiene un mayor alcance, el de agregar o el de desagregar? ¿Qué estrategia es la más efectiva?

El choclo de maíz es de una dureza extraordinaria, contundente. Es imposible partirlo o triturarlo por medios no mecánicos. Para separar sus granos se requiere la fricción mediante un movimiento de torsión alrededor de su superficie, y a tal efecto suele emplearse, es curioso, el blando esqueleto de otro choclo. Sin embargo, pese a su organización perfecta, sin resquicios, el choclo en cuanto tal es estéril. Sólo cuando el grano se separa tiene alguna posibilidad de fructificar. La máxima desorganización, la anarquía, es entonces la premisa de la continuidad de la vida y su expansión más allá del trillado territorio de partida. Un grano solo encierra en sí todas las posibilidades que el choclo desconoce. 
El grano dará después lugar a otros choclos, casi todos iguales, es cierto, pero alguno en el límite de la probabilidad, será distinto y ello será también ejemplo de soledad en los maizales uniformes. Ese choclo organizado conforme a un patrón nunca antes visto, si el momento y el lugar son favorables, dará lugar a un cereal cuyo sabor ni siquiera imaginamos. Si las circunstancias, en cambio, no fueran propicias perecerá sin más, como un engendro inconcebible.

Así es como, más o menos, sucedían las historias en el tiempo anterior a los transgénicos.

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