martes, 14 de octubre de 2008

Por caminos estrechos... Ruidos.



Ella ahora está sentada.
 Pensando.

Hasta recién fue y vino por la casa,
 pero ahora se sentó en la punta de la silla,
 como si estuviera por salir en cualquier momento y no sale, piensa.

No hace otra cosa que pensar. 
Es decir sí que hace otras cosas, pero las hace como al pasar, 
como sin querer, como por accidente o casualidad, 
porque en verdad lo que ella está haciendo es otra cosa.

Yo la observo ... 
No sé qué piensa.
Ella lava las tazas del desayuno, tiende unas ropas afuera,
 el viento le agita el pelo, 
se inclina sobre unas plantas y creo que les dice algo. 
Debe ser bonito, porque sonríe. 
Ella es capaz de hablar con las plantas, pero tanto no llego a comprender.

Lo que si hago, es escucharla.
 Ella no lo sabe, claro, 
si se da cuenta que yo la escucho, 
seguro que piensa de otro modo, mas bajito 
o en secreto o se va a la parte de arriba.
 Donde nadie la ve, pero está sentada ahí, 
casi por caerse de la silla, y la escucho.

No es el ruido de las tazas al chocar contra el agua y el detergente, 
ni el viento que golpea contra las plantas del patio 
mientras ella les dice cosas, ni el portazo que pega cuando entra.

La escucho a ella y tomo nota.
Últimamente sus pensamientos tienen ruido
 y cuando la tengo cerca, 
escucho cómo los mastica con los dientes hasta desintegrarlos, 
cómo los apoya en alguna zona blanda si está cansada 
y los deja olvidados un rato. 
Y se va,
 mientras hace esas cosas, que digo que hace, 
como lavar o tender o regar…

Después vuelve a buscarlos,
 retoma sus fuerzas y otra vez empieza a picarlos, como si se tratara de verduras, 
pero no son verduras.

El ruido es imperceptible, 
yo lo descubrí y ahora no puedo dejar de escucharlo.
 
Ya sé, 
que cuando se sienta así y se queda mirando, 
va a empezar el ruido.

 Como ahora que está en la puntita de la silla, pero en verdad está más lejos. Algo de ella se escapó por la ventana, trepó los techos, algo de todo ese picadillo con ruido, terminó volando en el aire.

Entonces la parte de ella que se queda aquí, 
parece tranquila, sentada sobre la nada, 
con los ojos perdidos en un punto fijo, 
hace este ruido del que hablo. 
Un ruido casi imperceptible, pero ininterrumpido.

Y otros días como hoy, 
que la escucho y la miro y tomo nota, 
casi casi la comprendo un poco.

Algo es algo, pienso.

Y ella pasa delante de mi sin escucharme.

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