jueves, 9 de octubre de 2008

Su último relato ...



Rayos de sol penetraban en la penumbra de la sala, rompiendo la oscuridad como brillantes dagas cristalinas. El viejo escritor octogenario pidió a gritos, con prisas y grandes ademanes, papel y pluma. ¡Ya lo tengo!, -gritaba-, ¡ya lo tengo!...

A todos sorprendió el ímpetu de su repentino despertar y corrieron, alborotados, torpemente, y sin rechistar para cumplir sus atropellados deseos.

Papel blanco inmaculado. Pluma amiga de viejos lances y grandes aventuras.

Con grandes esfuerzos, con esmero, con paciencia, a fuego lento, alcanzó a escribir un sencillo título: “Breve relato”. Tras lo cual y visto el esfuerzo, pensó en subrayar lo escrito y, mejor, continuar en otro momento.

Pero aquel despertar, traído por los rayos dorados de un abril cualquiera, traicionero, no eran otra cosa que el inevitable e ignominioso último suspiro. Cuando llega. Viene sin avisar, por derecho.

Corrió la tinta, en recto, bajo el título en aquel su último escrito.

Corrió como un ave hacia el cielo infinito. Aún no puedo olvidar cómo dejó a todos. Con las bocas entreabiertas, alelados y sin aliento. Con aquel título, “Breve relato”, su último escrito y sólo subrayado en recto.

No hay comentarios: