
Si supiésemos sus nombres,
todo sería distinto.
Si pudiésemos, al menos
tocar sus cuerpos, sus heridas,
escuchar sus quebrantos...
poner a Dios mismo, en el mismo centro
de cuanto fue creado.
Entonces, sólo entonces
este combate desigual contra el dolor
la limitación y el absurdo
dejaría de ser un libro de cuentas infinito.
Si supiésemos los nombres,
no sería sencillo pasar de largo
como quien no mira nada
para ver sólo lo nuestro. Perder el tiempo.
Valdría más detenerse al borde del camino
y celebrar la vida, a cada encuentro esperanzado
que contar, sólo contar los muertos
Si supiésemos sus nombres,
todo sería distinto.
David Carreres Lacasa.
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