
La tensión se palpa en el ambiente cuando el hombre empieza
a caminar sobre la cuerda floja.
De repente, la tensión se apodera de la cuerda.
El equilibrista sale despedido,
atraviesa la carpa y se pierde en la infinitud.
La cuerda saluda con un giro de comba infantil
agradeciendo su colaboración al público,
que se parte las manos a aplaudir.
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