
Vivía con el alma en un hilo.
Era un hilo brillante, dúctil,
que dejaba al alma libertad de movimientos
sin cortar el vínculo con el cuerpo.
Pero el alma no estaba conforme:
¿por qué no soltar el hilo y salir a volar,
como un barrilete que de súbito se arranca
de la mano infantil que la sostiene?
Día a día se escuchaban los lamentos del alma
por tener que vivir en un hilo.
Una tarde que no estaba demasiado ocupado,
Dios escuchó sus quejas,
y de un celeste tijeretazo cortó la dependencia
que al alma tanto le fastidiaba.
Nadie volvió a acordarse del hilo,
que había caído en medio de unos pastizales.
Pero ahora el alma, liberada,
siente una infinita desolación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario