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En 1964 el periodista norteamericano Vincent Gaddis empleó por primera vez el término "Triángulo de las Bermudas" en su libro “Horizontes Infinitos” para designar a esta zona que se encuentra en el paralelo 27, algo más arriba del Trópico de Cáncer.
En torno a este paralelo se encuentran otras zonas también extrañas a lo largo de todo el mundo.
Antes de ese libro, Vincent Gaddis publico lo que fue el primer articulo sobre el Triangulo de las Bermudas en la revista Argosy que fue ampliado por el ya fallecido Antonio Ribera en la Flying Saucer Review.
Posteriormente, el asunto fue retomado por René Foueré en su publicación Phenomenes Spatiaux.
Según apuntan las estadísticas, en los últimos 40 años han desaparecido en esta zona más de 100 naves entre aviones y barcos junto con sus varios cientos de tripulantes.
También se ha reportado que los satélites parecen sufrir perturbaciones inexplicables cuando pasan por encima de la zona del paralelo 27.
La casualidad no puede ser causa de estas misteriosas desapariciones.
Para los cientos de barcos y aviones desaparecidos y no encontrados quedan muchas explicaciones, muchas de ellas entran en confrontación con los conocimientos científicos oficiales y por lo tanto son rechazadas sin más.
No tenemos explicación para dicho misterio por lo tanto todas las hipótesis son, a priori, aceptables.
Hoy en día, ante los avances de la tecnología con sus precisos instrumentos de navegación y comunicación así como los medios humanos y materiales con los que se cuenta para la búsqueda de barcos naufragados o aviones siniestrados nos resulta aún más difícil el explicar determinados sucesos que se siguen produciendo en nuestros mares.
Los relatos extraños en torno a este sector geográfico datan de muy antiguo,
se dice que en la noche de la víspera del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, el 11 de octubre de 1492, cerca de la isla de San Salvador, en las Bahamas que se encuentra dentro del "Triángulo de las Bermudas", se observó una inmensa estela de fuego en el cielo que tras girar alrededor de la nave de Cristóbal Colón, desapareció en el océano, sufriendo la brújula del barco perturbaciones inexplicables, haciendo que cundiese el pánico entre los marineros.
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Una hora y media aproximadamente después del despegue, el teniente Charles C. Taylor, jefe de la misión comunica al control de la base que se hallan en una emergencia, afirmando que no pueden ver tierra y que se han salido inexplicablemente de la ruta marcada.
Este es un hecho realmente extraño, se trataba de pilotos con experiencia y era un vuelo de rutina sobre una zona muy conocida para ellos.
La torre de control les ordena que se dirijan al oeste, posición a la que se encontraría Fort Lauderdale, sorprendentemente la respuesta es que no saben hacia donde esta el oeste, según palabras del teniente Taylor, “todo parece equivocado... extraño, no tenemos ni siquiera idea de donde estamos. No estamos seguros de ninguna dirección.
Hasta el océano no tiene el aspecto que debería de tener” . Tras varios minutos de silencio el teniente Taylor comunica que esta sobrevolando posiblemente sobre los Cayos de Florida ( Florida Keys) y que sus compases de vuelo no funcionan. El teniente Robert Cox, en vuelo en ese momento y tras comunicar con Taylor se dirige hacia el sur en busca de la patrulla, pero en ese momento el teniente Taylor comunica que ya se ha orientado y que no hace falta que acudan a buscarlo.
Este fue el ultimo intercambio de mensajes del teniente Taylor con el teniente Cox. Una de las ultimas conversaciones del teniente Taylor con el Control hacia referencia a que estaban entrando en una zona de “aguas blancas”.
A partir de este momento la señal se fue debilitando y solo se oía las conversaciones entre el teniente y el resto de los integrantes de la patrulla en las que decía que si no encontraban tierra tendrían que amerizar debido a la falta de combustible.
Los intentos de comunicación de la patrulla con el Control eran recibidos tenuemente pero ellos no oían al Control, aun así relataron en esos últimos momentos de comunicación que los instrumentos habían dejado de funcionar, que las brújulas parecían haberse vuelto locas y que el mar presentaba una aspecto extraño.
Uno de los pilotos, desobedeciendo las ordenes del teniente Taylor parece que abandono la formación aunque correría igual suerte que sus compañeros. Las ultimas voces que se escucharon fueron a las 19,04, cuando se captó como uno de los pilotos trataba de contactar con Taylor.
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Tras el incidente del Vuelo 19 aumento aún más el misterio en torno al Triángulo de las Bermudas y autores como Charles Berlitz publicaron varias obras que llegaron a ser betsellers internacionales: “El triangulo de las Bermudas” y “Sin rastro”.
La primera vez que aparecieron publicados los mensajes fue en 1962, en un articulo de Allan W. Eckert. Pero Eckert no se acuerda de que fuente se “inspiró” para su redacción.
Años después, Charles Berlitz aseguraba que mucha de la información sobre el Vuelo 19 la obtuvo de las notas manuscritas elaboradas por el comandante R. H. Wirshig, por aquel entonces teniente de la guardia en Fort Lauderdale. Pero en un documental sobre el Triángulo de las Bermudas, emitido por la BBC, Wirshig negó la existencia de dichas notas, aunque confirmó que cuando llego al puesto de guardia el Vuelo 19 ya no podía recibir mensajes de la torre.
Es por ello que guardamos la máxima cautela en cuanto a que los hechos se sucedieran de la manera que han sido contados, algo extraño les sucedió a aquella patrulla y el resultado final fue la desaparición de los mismos.
Steven Spielberg también se hizo eco de este extraño suceso y en las secuencias iniciales de la película “ Encuentros en la tercera fase”, los aviones del Vuelo 19 son descubiertos en un desierto al norte de México.
De esta manera se ha contribuido al asociación Ovnis-Triángulo de las Bermudas.
LOCALIZADOS CINCO AVIONES DESAPARECIDOS
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Diversas son las expediciones que se han organizado en busca de los restos de los aviones desaparecidos. En Febrero de 1987 unos buceadores guiados por Mel Fisher hallaron los restos de un Avenger hundido a 37 kilómetros de Cayo Hueso del que se determino que no pertenecía a la patrulla 19. Hay que tener en cuenta que a lo largo de los años, hubo un total de 144 TBM Avengers perdidos mar afuera de la costa de Florida.
En 1989, Jonn Myhre, usando un mini submarino, descubrió los restos de otro Avenger a unos 130 metros de profundidad y a unos 56 kilómetro de Cabo Cañaveral.
En este caso los números de serie no eran visibles y no pudo confirmarse su relación con los aviones buscados.
Sin embargo, el ultimo y más interesante de los hallazgos tuvo lugar el día 8 de mayo del año 1991 cuando unos exploradores de aguas profundas al mando de Robert Cervoni, director gerente del Scientific Search Project de Nueva York descubrieron, a unas diez millas al noroeste de Fort Lauderdale, a 25 millas al norte de Miami, los restos de cinco aeronaves del tipo TBM Avengers, el mismo modelo y la misma cantidad de aviones de la Marina que pertenecían al Vuelo 19.
Los aviones fueron encontrados cerca unos de otros en un radio de dos kilómetros y medio y a unos 200 metros de profundidad El descubrimiento fortuito se llevo a cabo desde el barco “Deep Sea” mientras buscaban los restos de un galeón español.
Según relataron los miembros de la tripulación cuatro de los aviones estaban derechos y parecían hallarse en excelentes condiciones; “hasta los cristales de las ventanillas y las torres de las ametralladoras permanecían intactos”.
Pero al sumergir las cámaras de nuevo y observar más de cerca los aviones, encontraron que algunos de los números de matricula no coincidían con los del Vuelo 19, además de que la envergadura de las alas era distinta.
Los números FT-120 y FT-87 aparecieron en dos de los aviones y no pertenecían a ninguno de los de la patrulla perdida.
Para la coincidencia del número del avión encontrado con el avión-guía se dijo que la Marina a veces volvía a asignar los números de aviones accidentados aunque nunca hubo confirmación de que eso fuera aplicable al avión encontrado.
La sentencia final, elaborada por Ted Darcy, director de operaciones de la firma Wreckfinders (investigación y búsqueda de aviones siniestrados), determino que los cinco aviones encontrados no pertenecían a la Patrulla 19 sino que formaban parte de un total de ocho aviones Avengers desaparecidos en un círculo de dos kilómetros y medio de radio frente a la costa de Fort Lauderdale, entre Enero de 1943 y Noviembre de 1945 y que todos se encontraban en la lista de accidentados de la Marina.
Uno de ello, el que fue confundido con el avión-guía de la Patrulla se estrelló en Junio de 1943 y murieron tres personas, los otros fueron estrellados por fallos mecánicos.
Otro de los argumentos expuestos es que los modelos encontrados son Avengers TBF manufacturados por Grumman , mientras que los del Vuelo 19 eran modelo TBM de General Motors.
En fin, a falta de otras pruebas que rebatan estas debemos de suponer que dichos aviones no son los del Vuelo 19. De hecho, Robert Cervoni, del Scientific Search Project de Nueva York, afirmó que no estaba convencido de que Darcy estuviera en lo cierto al 100% y esperaba a que los números de matricula, de un tamaño de tan solo dos centímetros y medio de altura fueran dados a conocer.
En todo caso, el avión encontrado con el numero FT-28 si podría pertenecer a la Patrulla y los demás no.
Si los restos del Vuelo 19 son hallados en algún lugar, quizás arrojen alguna luz sobre su misteriosa desaparición pero también cabe la posibilidad que las circunstancias de su hallazgo aumenten aún más su misterio como hubiera sido en este caso, si verdaderamente se hubiera tratado del Vuelo 19.
Hasta la fecha nada más sabemos de este asunto y parecer ser que dichos aviones permanecerán aun por mucho tiempo bajo las aguas quizá escondiendo algunas claves de este suceso.
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Iván T. Sanderson describió una serie de doce “ zonas sospechosas” de desapariciones inusuales.
Dos de ellas se encuentran en sendos polos, y las otras diez están regular y simétricamente repartidas entre los paralelos 30º y 40º de ambos hemisferios, con sus centros exactos en la latitud 36º Norte y Sur.
En numerosas ocasiones en que los buques transitaban por estas áreas han tenido problemas con los instrumentos de navegación asociado a la aparición de extrañas y densas nieblas, que se sitúan en la superficie del agua y que a veces presentan una luminosidad fosforescente.
Más de un barco al penetrar en estas nubes ha perdido por completo la orientación, navegando durante horas e incluso días sin saber su situación ni su rumbo.
Antonio Ribera, fallecido recientemente, también se ocupo del estudio de este tema y en su libro “ Los doce triángulos de la muerte” nos expone un hecho obvio pero interesante y es que casi todas las desapariciones misteriosas se dan en zonas marítimas y puntualiza que mas que triángulos, estas zonas están delimitadas por óvalos.
En el Océano Pacifico, situado entre Japón, Filipinas y la isla de Wake encontramos una de estas zonas que se denomina el Triángulo del Diablo.
Más cercano de nosotros y afectándonos de lleno se encuentra la zona comprendida entre Azores, Canarias y el Mediterráneo. Antonio Ribera situaba los vértices de este triángulo de la siguiente manera: Islas Canarias-Islas Baleares-Islas Azores.
Las Islas Canarias han destacado siempre dentro del Fenómeno Ovni como lugar privilegiado y numerosos son los que afirman que dichas islas están rodeadas por bases submarinas, de hecho, contamos con muchos avistamientos de ovnis entrando y saliendo del mar frente a las costas Canarias.
DESAPARICIONES DE AVIONES
No es nuestra intención enumerar y describir una por una todas las desapariciones misteriosas acontecidas en el Triángulo de las Bermudas, para ello remitimos al lector a las listas que aparecen publicadas en diferentes libros o en Internet.
Expuesto el más famoso de los casos de desaparición de aviones en el Triángulo de las Bermudas nos ocuparemos de otra extraña desaparición tanto o más interesante que la del Vuelo 19.
Este suceso aconteció a un avión DC-3 que el 28 de diciembre de 1948 hacia la ruta Puerto Rico- Miami-Nueva York con un total de 29 personas a bordo.
El piloto, Roberto Linquist comunicó con la Torre de Control de Miami lo siguiente: “Estamos a 50 millas al sur de la pista. Puedo ver las luces de Miami. Espero instrucciones para aterrizar.”
Y luego, absolutamente nada. Más de 50 aviones y 30 barcos salieron en busca del DC-3, de acuerdo a la última comunicación deberían estar sobrevolando Cayo largo, lugar de aguas muy transparentes, con escasa profundidad y fondos de arena blanca.
No se encontró nada. Se esfumó, “simplemente” desapareció.
Muchas casos más podíamos relatar, todos siguen un patrón similar, el despegue se realiza con total normalidad así como los primeros momentos del vuelo, luego, el silencio.
En algunas ocasiones algunas señales de alarma no especificas y siempre la más misteriosa de las características, la ausencia de restos pese a las intensas búsquedas.
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