
Caminando, hacía malabarismos con mi mochila buscando monedas
para viajar en subte mientras que al mismo tiempo prestaba
una mínima atención a mi entorno para evitar chocarme con alguien
en lo que parecía una transitada calle.
Al llegar a la entrada del subte, encontré las monedas que necesitaba,
cerré la mochila y al levantar definitivamente la cabeza,
mi vista quedó fija en un cartel publicitario de un medicamento
que supuestamente disminuye la adicción a la nicotina en donde,
debajo del nombre de la marca, aparecía como slogan
"NO SOS VOS, ES TU CEREBRO".
Sentado en un vagón, volví a estar absorto, esta vez no buscando monedas
en la mochila, sino buscando un significado:
la frase del slogan que quedó resonando en mi mente.
Me quedo pensando no en saber como funciona el medicamento
ni cuales son los efectos que producen una vez ingeridos,
sino en lo que realmente significa el slogan, separado de su contexto publicitario, en su concepto más esencial:
"NO SOS VOS, ES TU CEREBRO"...
El andar del subte acompañaba el ritmo de mi latir,
las puertas se abrían y se cerraban como si respiraran a la par de mis bocanadas, la gente iba y venía, se sentaba y se paraba,
hablaba y se callaba, como lo hacía mi cabeza consigo misma.
"No sos vos, es tu cerebro".
Desperté y surgió la pregunta,
de manera espontánea y sin vacilar:
¿mi cerebro es algo separado de mi?
Se sienta alguien al lado mío,
saca algo para anotar,
hace unos garabatos que no llego a entender.
"¿el cerebro es algo separado de nosotros?"
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