viernes, 8 de abril de 2011

Aprender... capitalizar experiencias...


Tendí un hilo entre pasado y presente. 
Caminé por encima de los alambres suspendidos. 
Me deslice por la cuerda floja. 
Hice malabarismos para evitar la caída. 
Di saltos de alegría al presentir el derrumbe.
 Igual a un chico que ve 
a toda la comparsa del circo pasar bajo su ventana.

 Vi arlequines, trapecistas, tragafuegos y gatos con sonrisitas bobas que se desvanecen en el aire. 
A una colección de barajas que han formado
 su “drill team” militar. 
A un sombrerero bailar sobre un montón de tazas rotas.
 Animales que hablan lenguas extrañas. 
Orugas de gran sabiduría.
 Más sabias que los grandes gurús humanos.
 Vi bestias que sabían de sensibilidad más que algunos poetas.
 Supe de caminos que no conducían a ningún lado.
 Atravesé puertas diminutas que daban al vacío. 
Cometí errores que me mostraron que la verdad
 es parte integral de la vida. 
Aprendí que es mejor acabar roto antes que torcido. 
Mirar el espejo.
 Recordar que estuve atrapado dentro. 
Pegar los pedazos y valorar lo aprendido.


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