Ambiguo y versátil destino el de las personas sordas que no pueden comunicarse por medio de la voz, pensé y volvía a pensar mientras seguía con curiosidad la apasionada charla
de dos amigos en la interminable cola del Banco.
Me separaba de ellos una pareja que también
conversaba animadamente.
Pero aquellos dos hombres me distraían con su charla.
Ambiguo destino, volví a pensar.
Eran dos hombres sordos no parlantes,
que solo emitían una especie de queja alegre,
cuando se reían, si puedo así describir aquella risa.
Nunca sabré de qué charlaban.
Pero fué un largo rato de mirarlos intentando saber.
Por momentos, parecían recordar anécdotas;
por momentos, hacer comentarios de la realidad.
No importa ya cuál era era tema de la conversa.
El caso es que tuve la clara percepción de que esos hombres
no son "sordos":
sus ojos escuchan con profunda atención.
Y tampoco son mudos!
sus manos son cómo pájaros al atardecer:
vuelan y se cuentan las cosas de la vida.
Y sus miradas son habladoras imparables!
Los cuerpos en tensión siguiendo el ritmo de lo expresado
con una pasión envidiable, me hacía sentir la pasión
que ponían en vivir.
Y estuve todo ese rato como con una emoción admirando aquello,
volví a preguntarme:
¿ yo, hubiera podido?

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