El circo se marcha.
Los forzudos sacan las estacas.
Los enanos desamarran las sogas.
La carpa de bellos colores se repliega.
Las risas se van.
Los payasos se quitan el maquillaje.
Se vuelven normales.
Se reintegran al mundo.
Empero no será por mucho tiempo.
Ya emprenderán otra vez el viaje.
Ya volverán a maquillarse. (A ser de nuevo payasos.)
Para la gran ciudad, lo asombroso, lo impredecible, acaba.
Tiene que acabar.
La magia es la primera en sucumbir dentro de ese entorno despiadado.
La humanidad no perdona.
Siempre quiebra aquello que le parece extraordinario.
La decepción está servida.
Un rictus amargo se dibuja en los rostros.
Cada noche al cerrar la puerta nos enfrentarnos
con lo que nos hace falta.
El circo no puede posponerlo ya. (Maldita decepción.)
Hay que enfrentarla.
Un vacío inmenso tiembla en cada lágrima.
Un desasosiego fluye en toda vena.
Un desasimiento brota de cada suspiro.
Sí, es la metástasis que avanza.
Imparable.
El vacío de la decepción penetra en el corazón humano, y desplaza la magia, donde la haya.
Labios negros espantan la luz.
Es el eclipse del alma.

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