En el jazz, existe un tipo de improvisación muy interesante
que popularizo el gran Louis Armstrong
(Cab Calloway y Ella Fitzgerald, por ejemplo).
De nombre Scat, esta gutural manera de improvisar vincula sílabas
y palabras sin aparente sentido, para hacer que la voz se convierta
de alguna forma en un instrumento más.
Obvio que no cualquiera puede realizarlo,
de hecho se necesita de bastante talento y práctica para llevarlo
a cabo, y preferencialmente es utilizado para formar
la parte cómica de lo que se está interpretando.
Para mitad de los noventa apareció un tipo en nuestras vidas
que interpretó un tema musical
(muchos más, pero uno en particular)
que hoy por hoy sigue repiqueteando en el oído de todos
aquellos que vivimos esa década.
Claro que si se lo llama por su nombre de pila,
no se lo reconoce para nada (John Paul Larkin)
pero decir Scatman John es acordarse inmediatamente
de esa modulación de voz impronunciable a tal velocidad (bibabadababap!); de un bigote espeso y un sombrero loco;
y una caripela más digna de un juez de línea de los 80´s,
que de un cantante popular.

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