martes, 12 de abril de 2011

Su mundo...


Subo al bondi y al verlo a él descubro al resto:
la mirada perdida, el gesto esquivo, las neuronas desconectadas,
 la maniobra ruin soportando con furia contenida el codazo, el pisotón y la cartera ajena en las costillas, dedicando pensamientos asesinos
 a la mujer que tenemos sentada al lado, a quien hemos pedido
 dos veces que mueva su bolsa de supermercado pringosa de dulce de batata de sobre nuestra pierna, y la ha corrido y vuelto a correr
 a su lugar original y se lo hemos solicitado una tercera vez, acompañando el pedido con un codazo malintencionado que,
 está claro, esa ladina mujer no puede acusar porque ella, como nosotros, es amable, solícita, de buenos modales, y no ve la hora de devolver el golpe por ejemplo, haciendo rebotar levemente su bolsa sobre nuestra pierna, a lo cual somos, como cabe esperar de un civil caballero, insensibles.

Muchos días con esas zonceras nos cargamos de furia inútil, 
como toda furia.

Pero ahí está él, con la sonrisa dispuesta y la felicidad a flor de piel
con la mínima mirada.

Y aún cuando tienen más desarrollado el amor que al resto nos falta, muchos imbéciles insisten en llamarlos "deficientes".


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