viernes, 24 de junio de 2011

A Cloud of Eiderdown

The cloud bursts,
thunder in your ear,
you shout and no one seems to hear...




El más blanco algodón no puede siquiera compararse con ellas. 

Con sus formas esponjosas, dibujan el cielo de un día caluroso anunciando 
la promesa no tan lejana -pero sí añorada- de una lluvia que está en camino para aliviarnos y refrescarnos la piel. 

Con ese fondo intenso de color celeste, danzan con el viento que las transporta y las transforma. 
Y cuando dejan que Febo presencie semejante espectáculo, se proyectan descaradamente sobre las colinas sembradas de pinos. 
Y si no, vanidosas y coquetas, se reflejan en el espejo del lago como queriendo invadir los dominios de las profundidades, por el solo hecho de ser tan bellas.

¿Dónde habrá comenzado su viaje? 

¿Dónde terminará? 

Sólo ellas son dueñas de ese secreto. 

Nosotros, simples mortales, 

jamás seremos dignos de conocerlo.





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