La historia de la energía oscura comienza en 1998, cuando dos equipos independientes de astrónomos estaban buscando supernovas lejanas con la esperanza de medir el ritmo al que la expansión del universo estaba disminuyendo.
Su sorpresa fue mayúscula: los datos mostraban que la expansión se estaba acelerando. De hecho, el universo comenzó a acelerarse hace mucho tiempo, en algún momento en los últimos 10.000 millones de años.
Muchos teóricos tienemos un sospechoso en mente: la constante cosmológica.
De hecho, encaja en la situación de un universo en expansión.
Pero, ¿es el caso de la energía oscura sólido?
Este mismo verano han salido a la luz datos experimentales que indicarían más bien todo lo contrario. Por una parte está el descubrimiento de presuntas hetereogeneidades en la radiación de fondo de microondas, por otra, la detección de un inmenso volumen vacío de 1.000 millones de años luz de diámetro.
Curiosamente, la hipótesis de partida del estudio es que el universo se parece al queso de Gruyère, es decir, tiene inmensos espacios de densidad muy próxima a cero.
El queso sigue el modelo FRW y los agujeros el LTB (Lemaître-Tolman-Bondi).
Pues bien, el modelo predice que al atravesar los fotones los espacios vacíos sufren un estiramiento similar al que se atribuye a la energía oscura.
Nos recuerda a otras “sustancias” introducidas a lo largo de la historia de la ciencia para explicar los fenómenos observados y que la investigación posterior demostró que eran innecesarias; me estoy refiriendo al éter, el flogisto o el calórico.
La discusión ya ha comenzado. Ahora a esperar que las observaciones dicten sentencia.
Original: http://arxiv.org/abs/0708.3622
New Scientist: http://space.newscientist.com/article/dn12574-swiss-cheese-universe-challenges-dark-energy.html
Vacío colosal de 1.000 millones de años luz: http://neofronteras.com/?p=965

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