martes, 2 de agosto de 2011

Hablemos sobre los Microondas, sus falacias.


Cómo calientan la comida las microondas?

Los alimentos en general contienen agua en una proporción elevada. El agua está formada por moléculas polares.

 Esto quiere decir que podemos considerar la molécula de agua como una estructura con dos polos en los extremos,
 uno positivo y el otro negativo.

Las microondas son capaces de tirar de los polos de las moléculas polares forzándolas a moverse. 

El sentido en que las microondas tiran de las moléculas cambia 2450000000 veces por segundo. 

Esta interacción entre microondas 
y moléculas polares provocan el giro de éstas.

Las microondas hacen rotar más o menos eficientemente al resto
 de moléculas polares que hay en los alimentos además del agua. 

Las microondas sin embargo no tienen ningún efecto sobre las moléculas apolares (sin polos), por ejemplo los plásticos.

 Tampoco ejercen efecto sobre sustancias polares en las que las partículas que las forman no tienen movilidad.

 En este grupo estaría el agua sólida, la sal común, 
la porcelana o el vidrio.

Una vez que las moléculas de agua presentes en los alimentos comienzan a girar, pueden transferir parte de esta energía mediante choques con las moléculas contiguas.

 Este mecanismo hará que por conducción todo 
el alimento acabe calentándose.


Aquellas Falacias
Existen tantas “leyendas urbanas” relacionadas con los microondas. 
  Quiero centrarme en la comida en sí, una vez ha salido del microondas, puesto que es algo que confunde 
y preocupa a mucha gente 

La primera de las  Falacias es la siguiente: 
Comer algo calentado en un microondas puede ser peligroso,
 puesto que la radiación modifica los alimentos de alguna manera
He oído varias versiones de esta idea: desde cosas relativamente coherentes (como que las microondas generan compuestos cancerígenos) hasta sinsentidos completos (que la comida que sale de un microondas es radioactiva).
Este mito, como muchos otros, tiene que ver con la idea que tiene la gente de que las microondas “tienen mucha energía”.
Hay gente que se imagina que el microondas es una especie de máquina nuclear y que la comida que sale de él es como si hubiera estado en Chernobyl.
 En parte, creo que el problema está en la palabra “radiación”,
 que sugiere en nuestro cerebro ideas de ese tipo.
 Pero “radiación” simplemente significa “ondas electromagnéticas” y, aunque algunas son muy energéticas (como los rayos gamma), la luz que vemos con los ojos también es radiación.
Las microondas, por supuesto, son ondas del espectro electromagnético, como los infrarrojos, las ondas de radio
 y la radiación visible.
 De hecho, un fotón de microondastiene menos energía que un fotón infrarrojo, ni qué decir ya de uno de luz visible.
 Las microondas están tan lejos de las “radiaciones nucleares” (los rayos X y rayos gamma) como se pueda imaginar.
Por lo tanto, las microondas que penetran en la comida no son capaces de modificar la estructura interna de sus átomos:
 lo único que son capaces de hacer es que las moléculas realicen un movimiento rotatorio que, al “frotar” unas contra otras, calienta la comida.
Falacias relacionadas con los microondas: sí, las microondas son peligrosas para nosotros cuando la intensidad es grande porque, al calentar las cosas, pueden quemarnos, pero una vez las microondas dejan de actuar, lo que queda es simplemente algo caliente.
Por supuesto, el aumento de temperatura produce cambios químicos en los alimentos: las proteínas se desnaturalizan, los azúcares caramelizan, etc.
  Pero estos cambios químicos son exactamente los mismos que se producen al calentar alimentos de la manera tradicional.
 Una vez más: la comida que sale del microondas es comida caliente, nada más.
 Para producir cambios más drásticos (como convertir la comida en radiactiva) haría falta radiación muchos órdenes de magnitud más energética por fotón que las pobres microondas.
La segunda Falacia  relacionada con la comida que sale del microondas: 
 La comida que sale del microondas se enfría más rápido que la calentada tradicionalmente.
Creo que el origen de este segundo mito tiene que ver con el siguiente razonamiento falaz: 
  Puesto que la comida calentada en microondas se ha calentado muy rápido, es lógico pensar que también se enfriará rápido, que el “calor” que ha “almacenado” no es tan sólido y consistente como el “calor tradicional”.
Por supuesto, esta idea es errónea: no hay “temperatura rápida” y “temperatura lenta”, y da igual cómo se haya adquirido una temperatura si su valor es el mismo. 
 Es muy fácil probar esta teoría: si calientas algo en el microondas y otra cosa igual en una cazuela, mides las temperaturas en todos los puntos del objeto y compruebas que son iguales, y luego dejas que se enfríen, verás que ambos se enfrían igual de rápido. 
 En ambos casos, las moléculas se movían rápido cuando el objeto estaba caliente, y luego más lentamente según se ha ido enfriando.  
No hay ninguna diferencia, y las moléculas no se “acuerdan” de cómo fueron calentadas: si mirásemos ambos objetos microscópicamente, estando a la misma temperatura, no podríamos ver ni la más mínima diferencia.
Es posible que parte de la culpa de esta “leyenda urbana” la tenga el hecho de que el microondas calienta las cosas de manera irregular:
 No calienta igual, por ejemplo, el agua que el hielo, ni calienta el centro de un alimento igual que la superficie.
  Por lo tanto, si alguien toca un alimento y nota la superficie muy caliente y, al cabo del tiempo, el alimento se ha enfriado más rápido de lo que cabría esperar, probablemente es porque
 el centro estaba aún frío.
 Un alimento calentado en un horno tradicional sufre el mismo fenómeno, pero como está más tiempo calentándose, las partes calientes tienen más tiempo para transferir calor a las más frías y la diferencia de temperatura entre ellas es menor.
Dicho de otra manera: sí es posible que parezca que un alimento muy caliente por fuera, calentado en un microondas, se enfría más rápido que otro que parece igual de caliente y ha sido calentado en una olla. 
Cuando ocurre eso, es porque el segundo alimento estaba más caliente que el primero, no porque su “calor” sea “mejor” que el generado en un microondas.
 La temperatura no tiene calidad.




Es peligroso meter cualquier objeto metálico en el microondas. 
A veces la he oído en la versión “porque puede romper el aparato” y a veces como “porque puede explotar/dañarte de alguna manera”.
Como muchas mentiras, tiene un núcleo de verdad, pero aceptarla sin entenderla y sin más no tiene ningún sentido.
 Es como decir que beber líquidos es muy peligroso.
 Bien, depende de qué líquido y en qué circunstancias. 
Hay que saber cuándo y qué beber, pero no quedarse en la primera afirmación sin saber la razón.
En primer lugar – supongamos que, en efecto, cualquier cosa de metal en el interior del microondas puede provocar una catástrofe. 
Pero, vamos a ver,
  ¿De qué están hechas las paredes del microondas?
 ¿No deberían romperse o explotar todos ellos?
 Además, en muchos de ellos el plato giratorio es de cristal, pero en otros (como en el mío, por cierto) es de metal.
 De modo que la afirmación, sin más, es claramente falaz.
La causa de que el metal sea “especial” dentro de un microondas se debe a dos razones, y ambas han sido mencionadas de una u otra manera en la anterior entrega de esta serie:
La primera peculiaridad de los metales es que reflejan muy bien las ondas electromagnéticas – por eso las paredes del microondas son de metal.
 De manera que, para el microondas, los metales actúan como “espejos”.
 ¿Qué sucede si, por ejemplo, metemos un alimento envuelto en papel de aluminio en el microondas?
 Que las microondas se reflejarán en el envoltorio
 y no calentarán la comida.
 De hecho, lo que sucede es muy parecido a lo que ocurriría si el microondas estuviera vacío.
¿Es esto perjudicial?
 En absoluto.
 Para tu microondas es igual de malo que hacerlo funcionar vacío: al no haber nada que absorba las microondas, éstas vuelven al magnetrón (el aparato que las crea).
 Puedes ver dónde está en tu horno porque, si te fijas, la pared de dentro no es completamente de metal: hay una parte (suele ser rectangular, aunque a veces no se ve bien) que no está cubierta de metal, que es por donde entran las microondas en la caja.
 Si no hay nada que las absorba, vuelven a entrar por ese agujero en el magnetrón y pueden quemarlo poco a poco.
 Pero esto no es un peligro para uno – simplemente algo nada conveniente para la salud de tu horno.
La segunda peculiaridad de los metales, es que los electrones de su superficie se mueven libremente por todo el metal, y utilizan la energía que reciben de las ondas (la que no reflejan directamente)
 para moverse.
 Si se hace incidir una onda electromagnética sobre un palo de metal, por ejemplo, los electrones del palo empezarán a moverse arriba y abajo por la superficie del palo al ritmo de la onda: eso es lo que es una antena.
Cuando la onda no es muy intensa, sólo unos pocos electrones se mueven, pero si es muy intensa lo hacen muchos: en el interior de un microondas, el movimiento de los electrones por los metales es masivo y muy rápido.
 ¿Qué consecuencias tiene esto?
 Que, si el metal es muy fino (es decir, tiene mucha resistencia) se calienta mucho - tanto que puede incluso quebrarse.
 Eso ocurre a veces con las decoraciones metálicas de los platos.
Pero seguro que esto te ha ocurrido: hay recipientes y tazas de cerámica que parecen calentarse más que lo que contienen cuando los metes en el microondas.
 La razón suele ser que la cerámica de la que están hechos contiene partículas metálicas (muy a menudo de aluminio) que, al actuar de “miniantenas” con electrones yendo y viniendo por ellas muy rápido (a un ritmo de 2.400 millones de veces por segundo, la frecuencia de las microondas) se calientan mucho y no dejan que esa energía entre en lo que contienen.
 ¿Peligro? 
Ninguno, aunque estás calentando la comida de forma poco eficaz.
Además, cuando estos electrones van arriba y abajo por el metal, si el objeto metálico tiene puntas, los electrones se acumulan en ellas (no voy a entrar en la razón ahora, pero un objeto metálico cargado acumula la mayor parte de la carga en las puntas – por eso los rayos caen en los objetos puntiagudos más a menudo).
 A veces se acumulan tantos que se produce una pequeña descarga de arco eléctrico por el aire hasta otro objeto cercano: una especie de “mini-rayo”, aire ionizado.
 Estas chispas son brillantes y ruidosas, y los fabricantes no quieren que ocurran porque ponen nerviosos a los usuarios (que llaman a los servicios de asistencia muy asustados), pero no son peligrosas…salvo en un caso.
Las chispas son eso, chispas: pueden prender fuego si hay algo inflamable en el microondas, como aceite, papel, o cosas parecidas. 
De modo que, efectivamente, esto no es parte de la falacia:
 si vas a meter algo metálico y puntiagudo en el microondas, cuídate de que no haya dentro nada que pueda prender fuego o puedes tener un gran problema.
 Pero éste es el único peligro real de que un objeto metálico dentro de un microondas pueda causarte un daño.
Si un objeto metálico no es muy fino, ni tiene puntas cercanas a otros objetos, y lo metemos en agua (de manera que no pueda calentarse sin pasar el calor al agua), entonces no ocurre absolutamente nada:
ni se calienta más de lo normal, ni saltan chispas, ni se daña el magnetrón…nada en absoluto.
 Por ejemplo, hay gente que mete una cuchara metálica en la taza cuando se calienta el té en el microondas para que el agua no se sobrecaliente (es decir, para que no suba de 100 grados sin hervir), y no pasa nada malo.
Resumiendo – peligro, lo que se dice peligro, sólo existe si tenemos objetos metálicos puntiagudos y sustancias inflamables dentro del microondas a la vez y algo prende fuego.
 Todo el resto son inconvenientes y posible acortamiento de la vida
 del aparato, y sólo en circunstancias concretas. 

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