viernes, 24 de febrero de 2012

Huellas... pasos... vivir.


Totalmente involuntarias. ¿O acaso no?

 Acaso es la vida que se muestra sin la necesidad de nuestra única intervención... 

Arrogante presunción de aquellos humanos que se enganchan 
a la razón como exclusivo instrumento  de creación. 

El arte sólo es una palabra. 

Artistas lo somos todos porque no depende de nosotros serlo o no.

 Sino de la –llamémosla inteligencia de la vida– que nos sustenta.

Qué lejos estamos de la primera vez que se descubrió tal palabra. 

Lejos en entendimiento que no en tiempo. 

Tanto llega uno a mentirse a si mismo que habiendo declarado la necesidad de la crítica   "que sino vamos a salir todos flotando en pompas de jabón" ahora se desvive porque le alaben, creando un blindaje a su alrededor que le asfixia cada vez más, pensando que así está a salvo.

 ¿A salvo de qué?

 ¿De qué hay que ponerse a salvo?

¿Por qué empeñarse en ser ruin pudiendo ser elegante? 

Pues porque el miedo confunde cada intento de salir de la trampa en la que uno se mete cada vez más desde que contó la primera mentira. 

Rectificar es de sabios.

 Descansa el alma y el cuerpo, y se eleva el espíritu. 

  Esa palabra que siempre escritas para entendidos.

 He descubierto mucho desde entonces aquí,

 ya lo he dicho...

 Mucho. 

 ¿por qué empeñarse en ser ruin pudiendo ser elegante? 

El suelo recoge la impronta de tus pasos para recordarnos la importancia
 de la humilde acción que anida siempre en el corazón.

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