martes, 31 de julio de 2012

El eslabón perdido... Mito.

Hay conceptos que tienen cierto «duende» que impide que los olvidemos aún cuando están marcadamente caducos. 
Expresiones como «surgió por generación espontánea» o «tiene muy buen paladar para el vino», se han convertido con el tiempo en tópicos generalizados, a pesar de que la generación espontánea no exista y en el paladar no haya papilas gustativas. 
Sin embargo, siguen utilizándose contínuamente, muchas veces como dudosa tradición y otras, aunque parezca mentira, por verdadera ignorancia.
Uno de estos tópicos es el famoso «eslabón perdido», que también ha llegado hasta nuestros días. Cuando Darwin publicó el Origen de las Especies en 1859, muchos de sus seguidores -especialmente Thomas Huxley- comenzaron a aplicar la teoría de la selección natural a la evolución humana, tema al que Sir Charles dedicó un libro algunos años después: «La ascendencia del hombre» (1871). En aquellos años, prácticamente no se conocían fósiles de homínidos, a excepción de algunos restos de neandertal sin identificar descubiertos en 1856.
Los críticos de la época a las teorías de Darwin exigieron como prueba la presentación de fósiles transicionales entre el hombre y el simio y, ante su ausencia, acuñaron el término “eslabón perdido” para hacer referencia a lo que calificaron como una laguna insalvable en la nueva teoría.
El asunto no era exactamente como lo planteaban los antievolucionistas decimonónicos, dado que los fósiles transicionales no constituían un error, sino una predicción de la teoría darwinista, es decir, si ésta era válida, deberían aparecer formas de transición no solamente en la línea evolutiva humana, sino la del resto de las especies.
Y, ni más ni menos, esto es lo que ocurrió, dotando a la teoría evolutiva de tal fuerza que, junto con otras muchas evidencias, hacen que hoy día la evolución sea considerada un hecho probado más allá de toda duda razonable.
Sin embargo, el concepto de «eslabón perdido» perdura en boca de multitud de artículos periodísticos y en círculos fundamentalistas partidarios del diseño inteligente (creacionismo).

Cada uno cuenta la fiesta…
Resulta extremadamente curioso como dos de los colectivos que siguen utilizando habitualmente el caduco concepto de «eslabón perdido» lo siguen haciendo de forma totalmente opuesta, en función de sus intereses.
Creacionistas y fundamentalistas religiosos hacen gala de su memoria y atención selectivas, completamente ciegos ante los descubrimientos de los últimos 150 años y se sitúan en posiciones propias de finales del siglo XIX, argumentando impertérritamente que no existen fósiles de transición y que tras más de 100 años, los «evolucionistas» siguen buscando el dichoso eslabón. Los miles de fósiles de homínidos primitivos, incluyendo Parantropus, Austrolopitecus y Homo, así como cualquier otra especie transicional extinta, simplemente no existen para ellos.
En el lado contrario, muchos periodistas ávidos de dar sensacionalismo a sus noticias, encuentran el eslabón perdido (en singular) varias veces al año. Prácticamente ante cualquier descubrimiento de un nuevo fósil que se filtra a las agencias de prensa o incluso alguna nueva especie viva de características primitivas, redactan rimbombantes titulares que hacen imaginar que hemos alcanzado la comprensión final de la evolución universal.
 Claro ejemplo de ésto es el titular que apareció en algún periódico cuando hace unos años se descubrieron huesos de un primate primitivo de hace
 13 millones de años en Cataluña; el periodista, ni corto ni perezoso, tituló el artículo tan categóricamente como “El ‘eslabón perdido’ es catalán“.

No existe uno, sino muchos eslabones
Es en el caso del árbol evolutivo humano, quizá por lo difícil que es abandonar el antropocentrismo, en el que con mayor frecuencia se alude a estos antiguos términos, tanto por parte del creacionismo como del periodismo sensacionalista.
Y, sin embargo, hominídos es uno de los grupos donde más “eslabones” conocemos. Resulta triste comprobar como unos y otros han quedado anclados en los conocimientos de finales del XIX, donde únicamente se conocían algunos restos de neandertales que, en aquellos tiempos, eran considerados
 Homo sapiens.
Hoy día, existen tantas especies de homínidos primitivos que el árbol evolutivo está en contínuo cambio, cada vez que un nuevo descubrimiento aporta más luz a la evolución de las diferentes ramas o a la forma en la que los ancestros del hombre salieron de África y colonizaron el mundo.
 Uno de los últimos descubrimientos en modificar nuestro concepto de la historia evolutiva del hombre se llevó a cabo en la sierra burgalesa de Atapuerca, donde se han encontrado restos de 800.000 a 1.200.000 de años de antigüedad pertenecientes a una especie que fue bautizada como Homo antecessor y que, según el equipo descubridor, sería un homínido del que derivarion Homo sapiens -nuestra especie- y Homo neanderthalensis -nuestra especie “hermana”, ya extinta-.

Pero comencemos por el principio:
 ¿que es un homínido?. 
Según la filogenia más reciente quie incorpora los últimos aportes de la paleogenética,  Orangutanes, Gorilas, Chimpances y Humanos pertenecen a una misma familia, Hominidae. Dentro de ella se distinguen dos subfamilias: Ponginae (con los Orangutanes) y Homininae (con Gorilas, Chimpancés y Humanos). Homininae se divide a su vez en dos tribus: Gorilini (para los Gorilas) y Hominini para Chimpancés (género Pan) y Humanos (género Homo). Por lo tanto, zoológicamente, los seres humanos estamos tan cercanos a los chimpancés como un elefante africano (Loxodonta africana) lo está a un elefante asiático (Elephas maximus), y mucho más cercanos a gorilas y orangutanes que cualquiera de estos dos elefantes a un mastodonte (Mamutidae).

Wikimedia Commons

Por lo tanto, al hablar de homínidos fósiles, nos podemos estar referiendo a ancestros de Orangutanes (que se separaron de la rama principal hace 
14 millones de años), de gorilas (separados hace 7 m.a.), de chimpances (separados de la línea humana entre 7 y 5 m.a.), de humanos bípedos
 (Homo, Australopithecus, Parantropus, etc.) o de todos ellos juntos.

Existe una buena variedad de fósiles de nuestra familia hace entre
 23 y 7 millones de años, como Proconsul, Morotopithecus, Afropithecus, Kenyapithecus, Pieralopithecus, Sivapithecus, Lufengpithecus, Ouranopithecus, Ankarapithecus y Gigantopithecus, entre otros, algunos de los cuales representan formas transicionales que dieron lugar las especies actuales, como Sivapithecus para Orangutanes y Ouranopithecus, Ramapithecus o el reciente Sahelanthropus tchadensis para Gorilas, Chimpancés y Humanos, 
hace entre 9 y 5 millones de años.

Cráneo de Proconsul, 23 millones de años Pieralopithecus, 13 millones de años
Kenyapithecus, 15-12 millones de años

Ouranopithecus, 12 millones de años

Sivapithecus, 9-11 millones de años

Kenyapithecus, 3,5 millones de años

La línea humana

Tras diferenciarse el tronco de Orangutanes, gorilas y finalmente Chimpancés, la línea evolutiva humana comienza el proceso que ha venido a denominarse «hominización», consistente básicamente en perfeccionar el bipedalismo,
 el uso de herramientas y el extrordinario desarrollo de las capacidades intelectuales.
Aquí también existen una buena representación de especies fósiles que documentan un árbol filogenético completo. Existen varias interpretaciones 
del mismo, y se realizan modificaciones muy frecuentemente, según van apareciendo nuevos hallazgos.
Generalmente se considera que el tronco de los homínidos bípedos que llevarían hasta el hombre moderno partió de alguna forma de Australopitecino, del que derivaron todos los Australopitecus y primeros Homos, posiblemente alguna forma del grupo de los Ardipithecus.

360 cm3
Ardipithecus ramidus, 4,4 millones de años (Etiopía). Volumen craneal: 360 cm3

Desde hace 4 millones de años hasta aproximadamente 1,5 m.a.,
 se desarrollan en África al menos 5 especies de Australopithecus (algunas de ellas separadas por ciertos autores en géneros aparte: Kenyantrophus y Parantrophus). Entre ellos, el famoso esqueleto «Lucy», encontrado en Hadar (Etiopía) en 1974, y que pertenece a la especie Australopithecus afarensis.

Paranthropus robustus. 1,8-1,5 m.a.

Parantrophus boisei. 2,3-1,2 m.a.

Australopithecus africanus. 3,0-2,3 m.a.

No obstante, y contrariamente a lo que mucha gente piensa, no todas estas especies pertenecen a la línea directa del hombre, sino que son distintas ramificaciones de los homínidos en los últimos 3 millones de años. Posiblemente, sólo Australopithecus anamensis constituya un ancestro directo del Homo sapiens

Una de las propuestas de árbol evolutivo de los hominidos bipedos.

¿Por fin humanos?

Tradicionalmente se han clasificado dentro del género Homo a las especies de homínidos capaces de usar herramientas, aunque últimamente algunas evidencias apuntan a que ciertos Australopithecus ya llegaron a emplear útiles rudimentarios. En cualquier caso, hace 2,5 millones de años evolucionaron, de formas derivadas de los Australopithecus, las primeras especies de Homo: Homo habilis y Homo rudolfensis (que algunos autores consideran como una única especie). Según una de las propuestas más aceptadas actualmente,
 les sucedió Homo ergaster (2,0 -1,0 millones de años y, posiblemente, el primero en salir de Áfrca) a partir del cual se derivaron Homo erecutus (1,8 – 0,3 millones de años), y Homo antecessor (1,2 – 0,8 millones de años), 
que daría lugar a Homo neanderthalensis (extinto hace 29.000 años)
 y Homo sapiens, única especie que sobrevive en la actualidad. 
Otras hipótesis, como el modelo multirregional, postulan que Homo sapiens
 es el resultado de la hibridación de las formas derivadas de Homo ergaster
en distintas partes del mundo, aunque actualmente es poco considerada.

Homo habilis.

Homo erectus. 1,8 - 0,3 m.a.

Homo neanderthalensis. 230.000 - 29.000 años

Homo sapiens arcaico. Sobre 40.000 años

El árbol incompleto

Aún nos queda mucho por descubrir sobre la evolución humana. 
Prácticamente nadie duda que irán apareciendo más fósiles de homínidos que progresivamente permitirán ir ajustando nuestro árbol filogenético. 
Ahora bien, tras los descubrimientos de cientos o miles de fósiles como los que hemos ido señalando, con características transicionales desde los primates primitivos, hoy día deberíamos hablar de un ramificado árbol, al que le quedan bastantes ramas por descubrir, más que de un único «eslabón pérdido».

Revista Muy Interesante

Referencias

Arsuaga JL, Martínez I y Trueba J (2004) Atapuerca y la evolución humana. Fundació Caixa Catalunya
Arsuaga JL (2006): La saga humana. Editorial Edaf, S.A.
Leakey, L.S.B. (1963). Very early East African Hominidae and their ecological setting. (En F.C.Howell y F. Bourlière ed. African Ecology and Human Evolution, p. 448-457)
Leakey, R.E. (1980). Los orígenes del Hombre, Ed.Aguilar
Leakey, R.E. (1989). La formación de la Humanidad. Ed. del Serbal.
López Moratalla, Natalia (2007), La dinámica de la evolución humana, Eunsa.
Stix, Gary (2008): «Huellas de un pasado lejano». Investigación y Ciencia, 384: 12-19