
Quien haya visto esta curiosa película coral de Paul Thomas Anderson (1999), recordará probablemente la escena surrealista en la que miles de ranas llueven sobre la ciudad y sobre los desconcertados y atormentados protagonistas.
Pues bien, al margen de su valor metafórico, las lluvias de ranas son
un fenómeno raro pero real y explicable científicamente.
En el interior de un tornado la presión atmosférica es tan baja que se produce un vacío, y con él un efecto de succión similar al de una aspiradora muy potente. Si esto ocurre en una charca llena de ranas, éstas se verán aspiradas y transportadas hacia arriba; cuando el tifón pierda intensidad y ya no pueda contrarrestar la acción de la gravedad, caerán al suelo "lloviendo" sobre el lugar, que puede estar a muchos kilómetros de distancia de su hábitat original.

Probablemente no sea posible una lluvia de ranas tan intensa como
la de la película, ni de esa pureza, puesto que con los anfibios deberían llover también otros animales, plantas u objetos que se encontraran en el estanque. No obstante, sí es lógico que no llueva agua ya que esta, pulverizada y dispersa por la acción del tornado, se evapora fácilmente en la atmósfera